Abrir la ventana, tomar el sol y la mentira
Por Gabriel Piñón
Lo que comenzó como una escena aparentemente trivial terminó por convertirse en un episodio que dejo al descubierto la eminente falta de criterio en la toma de decisiones por parte de quien manda en Palacio Nacional. Una funcionaria federal —Martha Olivia López Arellano— fue captada en una imagen mientras tomaba el sol desde una de las ventanas de Palacio Nacional. La fotografía, difundida por un transeúnte y viralizada en redes sociales, desató una reacción inmediata desde el aparato gubernamental.
La respuesta del ejecutivo fue respaldada en primera instancia por Infodemia, área del gobierno federal creada para combatir la desinformación, misma que aseguró que las imágenes eran producto de inteligencia artificial. El señalamiento fue reiterado públicamente por su titular, Miguel Ángel Elorza Vásquez, quien desestimó la veracidad del material.
Sin embargo, la narrativa oficial no resistió el paso de los días. El propio funcionario terminó por reconocer que las imágenes eran reales. Lo que siguió fue aún más significativo: la salida de la funcionaria. Se habló de una renuncia, pero en el lenguaje político mexicano, esa palabra suele ser un eufemismo de remoción.
Y aquí es donde surge la pregunta de fondo.
¿Qué fue exactamente lo que se sancionó?
No hubo señalamientos de corrupción, ni de abuso de funciones, ni de irregularidades administrativas. El “delito” fue, en términos simples, una conducta privada captada en un momento de exposición pública. Una escena que, en otro contexto político, bien podría haberse resuelto con una llamada de atención interna, sin escalar a una crisis pública.
Contrastar estos hechos con lo presenciado en estos tiempos de la Cuarta Transformación es obligatorio. Un gobierno que se asume como feminista, que ha hecho del discurso de igualdad una de sus banderas centrales, reacciona con rapidez para desmentir, exhibir y finalmente prescindir de una mujer por un hecho que no constituye falta grave conocida.
Más aún, el manejo del caso deja al descubierto la incapacidad para la atención de crisis en el gobierno: primero se desacredita la información, luego se reconoce su veracidad y finalmente se actúa en consecuencia.
La presidenta Claudia Sheinbaum tolera que le mientan en la cara, a ella y a todos los mexicanos, pero no tolera el atrevimiento de abrir una ventana de Palacio Nacional y tomar el sol. Y más cuando se trata de una mujer que, si bien tenía ya cuatro años en el cargo, su acción apenas daría para una llamada de atención verbal y la advertencia de que no se repitiera.
Sin embargo, la primera mujer presidenta del país, que ha hecho del feminismo una bandera, opta por cortar la cabeza de quien opto por tomar el sol. Mientras tanto, el titular de Infodemia, que mintió públicamente, la conserva aún – la cabeza- sigue en su cargo y quizás pronto hasta una embajada le otorguen.
La pregunta no es menor: ¿habría actuado de la misma forma un presidente varón ante un hecho de esta naturaleza? ¿Habría escalado un incidente menor hasta convertirlo en una remoción, o lo habría contenido dentro de los márgenes administrativos?
¿Dónde está, entonces, ese feminismo que se dice defender a ultranza?
Donde quedan las sanciones a las acusaciones a Adán Augusto, Cuauhtémoc Blanco, Félix Salgado Macedonio, Gertz Manero, los Yunes, Epigmenio Ibarra, Jesús Ramírez Cuevas, Noroña y su casita de 12 millones, los hijos de Andrés Manuel López Obrador sus viajes y sus compras de lujo en el extranjero, y porque no de la alcaldesa de Acapulco Avelina que desapareció por arte de magia algo así de 800 millones de pesos… A la otra si piensa abrir una ventana y tomar el sol, piénselo dos veces, porque después ya nada es igual.
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