Notas Principales

Educación como fuente de virtud o de perversión

Por Gabriel Piñón

Hay países que entienden la educación como la construcción paciente del carácter. Otros, como el nuestro: un laboratorio ideológico.

Japón es ejemplo de lo primero. En su sistema de educación básica, antes que matemáticas avanzadas o contenidos tecnológicos, se enseñan principios: respeto, orden, responsabilidad y trabajo en equipo. En los primeros años no existen exámenes obsesivos ni competencia feroz; existe formación del carácter. Los alumnos limpian sus salones, sirven los alimentos a sus compañeros y aprenden que la comunidad está por encima del individualismo.

No es casualidad que una sociedad con esas bases tenga índices bajos de criminalidad y altos estándares de convivencia social. La educación japonesa no solo transmite conocimientos: moldea ciudadanos.

En México, en cambio, el debate educativo ha girado en torno a la llamada Nueva Escuela Mexicana. Un modelo que, según sus promotores, busca formar conciencia social y pensamiento crítico. Sin embargo, para muchos padres de familia y especialistas, ciertos contenidos han generado inquietud por abordar temas ideológicos y de identidad de manera prematura, desplazando la enseñanza sólida de valores universales y fundamentos académicos esenciales.

Una sola pregunta se hace necesaria ¿qué debe aprender primero un niño?

Un niño no necesita confusión conceptual. Necesita claridad. No requiere debates ideológicos complejos cuando aún está formando su identidad básica. Requiere principios que le permitan comprender el bien, la responsabilidad y el respeto por los demás. Necesita partir del respeto asimismo para poder respetar a los demás.

La educación transmite una visión del mundo y está jamás debe convertirse en vehículo de experimentación social, cuando se priorizan agendas políticas e ideológicas por encima de la formación integral.

En Japón, el civismo no es una materia aislada; es práctica cotidiana. En México, la discusión pública sobre la educación parece centrarse más en la narrativa política que en los resultados formativos.

En un análisis serio Japón enfrenta grandes retos, como la presión académica y los altos niveles de exigencia social. Pero hay una lección clara para el japonés: la formación en valores no es negociable.

Los niños necesitan una base sólida, no estructuras amorfas que confundan su desarrollo físico y mental, que es lo que hace precisamente la mal llamada Nueva Escuela Mexicana introducir conceptos de ideologías rancias como las mismísimas barbas de Carlos Marx cincelando en sus mentes palabras como asamblea, comunidad, todxs. Los niños mexicanos necesitan hoy más que nunca ser formados en valores, arte, deporte y todas aquellas actividades que permitan su crecimiento armónico como persona, no como seres confundidos de su propia naturaleza. En Chihuahua urge sacudir el sistema y eliminar los contenidos basura que perturban la vida de nuestros niños. Necesitamos maestros que en un ejercicio ético se comprometan realmente con el futuro de nuestro país, y ese futuro esta en nuestros niños escolares. Educar es preparar para la vida, una vida que merece ser vivida con responsabilidad, respeto, disciplina y sentido de comunidad.
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