Notas Principales

¿En dónde quedó la humanidad de los seres humanos?

Por Gabriel Piñón

Hace unos días escuché con atención una entrevista realizada a una diputada del partido Movimiento Ciudadano, quien afirmaba categóricamente la intención de su partido de despenalizar el aborto en cualquier momento del embarazo. En la actualidad, en la Ciudad de México y un amplio número de estados de la República Mexicana la interrupción del embarazo se encuentra despenalizada hasta las doce semanas de gestación, lo que ya de por sí ha sido motivo de amplias discusiones sociales, jurídicas y éticas.

Se ha repetido muchas veces que el aborto es un tema polémico. Sin embargo, cuando el debate se aborda desde el fundamento científico y desde el sentido humano de la palabra humanidad, la discusión adquiere otra dimensión. La biología moderna ha establecido con claridad que la vida humana comienza en el momento mismo de la concepción, cuando ocurre la fecundación entre el óvulo y el espermatozoide y se forma el cigoto, la primera célula del nuevo organismo.

El genetista chileno Ricardo Cruz-Coke explica que la fecundación constituye el momento en el que se origina una nueva célula con una constitución genética propia. Esta célula inicial, denominada cigoto, contiene los 46 cromosomas que conforman el genoma humano completo, lo que determina una identidad biológica única e irrepetible desde ese instante. Como señala el propio investigador, el genotipo del individuo queda establecido en el momento de la concepción, y el desarrollo posterior no es más que el despliegue del programa biológico contenido en el ADN.

En este sentido, desde la genética se reconoce que el nuevo ser humano posee una identidad biológica propia distinta de la de sus progenitores desde el inicio mismo de la fecundación.

Una postura similar sostuvo el médico y genetista francés Jérôme Lejeune, reconocido por descubrir la trisomía del cromosoma 21, causa genética del Síndrome de Down. Su investigación permitió demostrar que esta condición se debe a la presencia de un cromosoma adicional en el par 21, un hallazgo que transformó el campo de la genética médica.

Lejeune sostenía que la evidencia genética demostraba que el embrión humano constituye ya un individuo de la especie humana desde la fecundación, puesto que en ese momento queda establecido el código genético completo del nuevo organismo. En diversas conferencias científicas afirmó que “aceptar el hecho de que después de la fecundación ha comenzado una nueva vida humana ya no es cuestión de gusto u opinión, sino una evidencia experimental de la biología moderna”.

No debemos olvidar que al Dr. Jérome Leujeune le costó el Premio Nobel de Medicina la defensa de la vida, al reconocer que su inicio es precisamente desde el momento mismo de la fecundación.

Por ello, el debate contemporáneo suele centrarse en el derecho de la mujer a decidir sobre su cuerpo. Sin embargo, desde el punto de vista biológico, el embrión es un ser humano distinto al de la madre -o acaso el embrión pertenece a una especia distinta a la humana-, lo que implica la existencia de un organismo diferente que se desarrolla en el útero materno, por tanto, ya no es el cuerpo de la mujer sobre el que se ésta actuando y ejerciendo una de las más brutales de las violencias, que es la muerte, por no decir un asesinato con todas sus agravantes.

A menudo se argumenta también que se trata de hijos no deseados. Pero el ejercicio de la libertad humana, incluida la sexualidad, conlleva inevitablemente responsabilidades. Este principio no pertenece únicamente a la esfera religiosa, sino que forma parte de la ética básica que rige la convivencia humana.

La discusión sobre el aborto no debería reducirse únicamente a un conflicto de derechos o a un debate político coyuntural. Se trata, en última instancia, de una reflexión profunda sobre el valor que una sociedad concede a la vida humana en sus etapas más vulnerables.

Por ello cabe preguntarse, con toda honestidad: ¿en dónde quedó la humanidad?

En estos momentos se hace necesario detener el paso, y reflexionar que cuando una sociedad deja de reconocer la dignidad de la vida en su etapa más indefensa, la cuestión ya no es ideológica ni jurídica, sino profundamente moral.

Bibliografía
Cruz-Coke, R. (1988). Fundamentos genéticos del comienzo de la vida humana. Revista Médica de Chile, 116, 121–124.
Lejeune, J. (1989). The concentration can camp of abortion. Conferencia presentada en el Parlamento Europeo, Estrasburgo.
Moore, K. L., Persaud, T. V. N., & Torchia, M. G. (2020). The developing human: Clinically oriented embryology (11th ed.). Elsevier.
Sadler, T. W. (2019). Langman’s medical embryology (14th ed.). Wolters Kluwer.

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