A un presidente no se le dice que no
En aquellos tiempos de máximo poder del priato, el presidente, preguntó qué horas son; alguien cercano en su séquito, genuflexo, respondió con toda prontitud, las que usted diga, señor presidente.
Ese es el presidencialismo añejo, arcaico, en el cual nos encontramos.
A la presidenta con A no se le puede decir que no como en aquellas épocas en que el Partido Comunista estaba proscrito, y la nomenklatura morenista vivía del erario.
El Partido Verde nacía de una jugada política presidencial, y los del PT al menos en Chihuahua inauguraban en el CDP la invasión, el movimiento inquilinario y la fayuca en El Pasito, también a la sombra del poder.
Ahora, ambos partidos, Verde y del Trabajo, una vez garantizado, el mínimo de sobrevivencia, diciendo que no al gandalla Plan A, corrieron de nuevo a palacio nacional, para colocarse de rodillas y jurar lealtad a la presidencia morenista.
Veremos un plan B descolorido, pero suficientemente violento para garantizar a través de leyes secundarias constitucionales o inconstitucionales, el triunfo electoral próximo.
Lo que no logren en el Congreso lo obtendrán en la Corte, con los ministros que abdicaron a una interpretación armónica, integral, convencional y democrática de la Constitución.
Evitará así Morena cualquier descalabro electoral, el próximo año.
Para empezar, sacado de la manga, vendrá la noticia de que la presidenta de la República estará en la boleta con la artificial revocación de mandato.
Con ella en las urnas estará una aceptación nacional que ronda el 70% aún en aquellas entidades federativas, donde Morena como marca apenas supera el 50%.
Van por una mayoría calificada o no en el Senado y en la Cámara de diputados, con los aliados PT y Verde, pero fundamentalmente con posiciones que les pertenecen a ellos mismos y fueron enquistados bajo siglas diversas.
Igual harán el año próximo: refrendar candidaturas que sean 4T y con marca exterior verde o PT, para asegurar que el año próximo -con una nueva mayoría parlamentaria más cercana- ahora sí, pueda derribar el prurito de siglas, con cuyo pretexto le dijeron que no de manera momentánea en su Plan A.
La idea es formalizar el partido de Estado que ya existe. Eliminar partidos satélites y meter a todos en un mismo costal para centralizar el control.
Es muy difícil adelantar que otras reformas vienen, pero en la lógica de poder, vendrán las que sean necesarias aún y cuando rayen en la inconstitucionalidad (no está muy lejano el tiempo en que el socialismo podría convertirse en ideología oficial desde la Constitución misma, tipo Cuba).
Al cabo, la Corte en posición, lacayuna, estará presta a decirle que sí a la presidenta. A lo que ella diga.
Les tocará ahora agacharse para limpiar zapatos -remember Teatro de la República-, es lo que toca.
Deberán traer franela a la mano. Saben que al presidente en turno no se le dice que no.
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