Cuando la polĂtica sigue teniendo precio
Por Gabriel Piñón
Hace unas semanas escribĂ un breve artĂculo donde sostenĂa una idea incĂłmoda pero persistente en la polĂtica mexicana: la polĂtica tiene precio. En ese texto advertĂa que, llegado el momento decisivo, el Partido del Trabajo terminarĂa por alinearse con el oficialismo, como lo ha hecho a lo largo de su historia, en una relaciĂłn de amasiato polĂtico que lo ha llevado a colocarse, una y otra vez, al lado del poder en turno.
Sin embargo, lo ocurrido ayer en el Palacio Legislativo de San Lázaro llamĂł la atenciĂłn incluso de los observadores más escĂ©pticos. Los aliados que parecĂan incondicionales del oficialismo —el propio PT y el Partido Verde Ecologista de MĂ©xico— dejaron sola a la bancada de Movimiento RegeneraciĂłn Nacional en la discusiĂłn de la reforma electoral impulsada por la presidenta Claudia Sheinbaum.
La razĂłn del desencuentro no fue un debate de fondo sobre el sistema electoral, ni una discusiĂłn doctrinal sobre la representaciĂłn polĂtica o la calidad de la democracia. El punto de quiebre fue mucho más simple y, al mismo tiempo, más revelador: las prerrogativas, es decir, el dinero pĂşblico destinado a los partidos polĂticos.
En comisiones unidas, Morena logrĂł sacar adelante el dictamen con 45 votos a favor contra 39 en contra, pero lo hizo prácticamente en solitario. Petistas, verdes y oposiciĂłn votaron en contra del proyecto, dejando claro que el problema no era la reforma en sĂ, sino el tamaño de la bolsa.
En el fondo, lo que se mueve en este tablero no son principios ni debates institucionales, sino recursos. El cash. Ese combustible que da origen a la armonĂa de los acuerdos legislativos y que, en más de una ocasiĂłn, termina por definir el rumbo de las decisiones polĂticas.
Ahora falta el capĂtulo más importante: el pleno de la Cámara de Diputados. Y ahĂ el panorama cambia de manera sustancial.
Morena cuenta actualmente con alrededor de 252 diputados, una cifra suficiente para imponer mayorĂas simples, pero insuficiente para una reforma constitucional. Para modificar la Carta Magna se requiere mayorĂa calificada, es decir, dos terceras partes de los 500 legisladores: 334 votos.
En otras palabras, al partido gobernante le faltan más de 80 votos para sacar adelante la reforma por sà solo.
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