Notas Principales

Las ironĂ­as de la reforma electoral en ciernes

Las ironĂ­as de la prĂ³xima reforma electoral son dos bĂ¡sicamente, cargadas sobre las espaldas tanto de la derecha-centro como de la izquierda.

Ambas posturas son responsables de la muerte de la democracia liberal en el paĂ­s, para llegar a una democracia dirigida y autocrĂ¡tica.

Vienen restricciones a la libertad de asociaciĂ³n, expresiĂ³n, pensamiento, organizaciĂ³n polĂ­tica para alcanzar el poder, todo centralizado desde el soviet mexicano entronizado en palacio nacional.
Los servidores de la naciĂ³n son lo mismo que los comitĂ©s de camaradas organizados a nivel de calle en Rusia, China, Cuba o Venezuela, para acallar las voces crĂ­ticas a nivel de barrio.

SerĂ¡n los operadores financiados desde las exiguas finanzas pĂºblicas, vinculados a la policĂ­a secreta instaurada desde el ejĂ©rcito, la marina y la inteligencia del desaparecido Cisen y la SSPC.
Amenazados con cĂ¡rcel, inteligencia financiera -Curp biomĂ©trica-, los ciudadanos dejarĂ¡n de ser ciudadanos, para convertirse en peones de una maquinaria estatal.

Eso es lo que viene detrĂ¡s de la reforma electoral propuesta por Pablo GĂ³mez, en antĂ­tesis del pensamiento de izquierda que en los sesentas exigiĂ³ presupuesto y espacios de poder pĂºblico.

A contrapelo de la reforma que permitiĂ³ diputados de partido y permitiĂ³ funcionar al Partido Comunista, y demĂ¡s satĂ©lites como el PSUM, PRT o PFCRN, ahora volverĂ¡n las restricciones.

Esa es la primera ironĂ­a. La reforma viene precisamente con el contenido de lo que criticĂ³ la izquierda y produjo levantamientos armados como Ăºnica salida viable. Madera dixit.

La otra ironĂ­a es que con afanes eficientistas, el PRI y el PAN impulsaron una agenda para reducir costos en las elecciones, y por ello centralizaron funciones en el IFE y luego en el INE.

Descabezaron poco a poco la federalizaciĂ³n de las elecciones, para centralizarlas, sin pensar en que una ideologĂ­a totalitaria vendrĂ­a a aprovechar ese gazapo para terminar la autonomĂ­a electoral de las entidades federativas.

Con ese golpe, acabar las denominadas OPLES, o institutos electorales locales, terminarĂ¡ de construirse un supremo poder conservador centralista bajo el signo de la hoz y el martillo.

Manuel Barttlet conoce bien la historia, Ă©l la operĂ³ en la dĂ©cada de los ochentas, con las temidas DirecciĂ³n
Federal de Seguridad y la ComisiĂ³n Nacional Electoral, donde el PRI dominaba, ambos brazos de la poderosa secretarĂ­a de GobernaciĂ³n que encabezĂ³.

Ahora al puro estilo soviĂ©tico, chino, cubano, venezolano, solo se podrĂ¡ acceder al poder a travĂ©s del partido de Estado, que es Morena.

Hay una tercera ironĂ­a, que no puede escaparse. Partidos satĂ©lites, convenencieros e historia negra de corrupciĂ³n, son la bisagra para permitir este despropĂ³sito, el Partido del Trabajo y el Partido Verde.

En ellos estĂ¡ la llave para sepultar la democracia en el paĂ­s. A eso hemos llegado.

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