Notas Principales

Hasta los tapones: la 4T y su Ley de Aguas

Por Mar Roxo

Parece que al actual gobierno de la Cuarta Transformación no le basta con haber desmantelado el país; ahora pretende llevarse hasta los tapones de los automóviles. La nueva Ley de Aguas Nacionales que impulsa la presidenta Claudia Sheinbaum confirma lo que muchos mexicanos venimos advirtiendo desde hace tiempo: la 4T no busca transformar a México, sino controlarlo todo, secar sus instituciones, su campo y hasta su dignidad.

Con una mayoría artificial en el Congreso, construida con trampas y sobre representación, el gobierno ha colonizado los tres poderes de la Unión. Lo que antes se conocía como equilibrio institucional hoy es una simulación. El Poder Judicial fue tomado por asalto con ministros de acordeón que tocan al ritmo que marca Palacio Nacional; los órganos autónomos —de transparencia, regulación y vigilancia— fueron borrados del mapa; y ahora, con esta nueva ley, el gobierno va por el control absoluto del agua, el recurso vital de toda nación.

El texto de la iniciativa es un monumento a la indefinición deliberada. Evade, difumina y deja “a criterio” de quien dirija la CONAGUA la facultad de determinar concesiones, distribución y uso de los recursos hídricos. En pocas palabras, el agua —de los campesinos, de los productores, de los pueblos y de la industria— quedará sujeta al capricho político del momento. Sin criterios claros, sin órganos colegiados, sin transparencia.

Los campesinos lo saben, los transportistas lo han padecido, los alcaldes lo viven a diario, como lo vimos con el reciente asesinato del edil de Uruapan, Carlos Manzo, quien pidió ayuda innumerables veces antes de ser silenciado por la violencia que el gobierno niega y encubre. La 4T no escucha, no dialoga, no corrige. Solo impone.

Lo más preocupante es que, mientras se llenan la boca hablando de soberanía y justicia social, lo que realmente están haciendo es vaciar al país de sentido, despojándolo de sus equilibrios, sus recursos y sus instituciones.
México, ese país que tanto costó construir, hoy se evapora entre decretos, reformas y ocurrencias.
El agua —símbolo de vida, esperanza y futuro— está a punto de convertirse en otro botín político.
Y cuando falte, cuando el campo se seque y las presas se agoten, volverán a decir que “nadie lo vio venir”.

Entonces, como siempre, muerto el niño… a tapar el pozo.

Así las cosas en este México nuestro, donde la transformación se ha convertido en despojo, y la justicia en un espejismo que se disuelve con cada nueva ley.

Conagua se convertirá en el gran censor del agua, y quien decidirá si abre o no la llave, para que se riegue el campo y la industria en el país, según su conveniencia.

La única esperanza es que los movimientos que se han alzado en las diversas partes del país se enciendan en una misma voz, y que de una vez por todas, se dejen las diferencias entre los mexicanos y de manera definitiva logremos parar esta desastrosa Cuarta Transformación que nos han impuesto quienes llegaron de la calle y se llevarán hasta los tapones de su auto, estimado lector. Esto sino hacemos algo por lo que queda de nuestro país.

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