La generación Z toma las calles: el hartazgo que la clase política se niega a escuchar
Por Mar Roxo
Hoy la generación Z salió a las calles, y con ello dejó claro que el hartazgo dejó de ser un murmullo para convertirse en grito. No es una marcha más: es el reflejo de una juventud que ya no se traga los cuentos de la clase política mexicana, esa élite que entre discursos huecos, pactos en lo oscurito y simulación legislativa ha llevado al país a un punto de quiebre.
La indignación no es solo contra la ineptitud del partido Morena y su gobierno; también es contra la complicidad silenciosa de las fuerzas opositoras, que se rasgan las vestiduras frente a las cámaras, pero que se benefician —sin reparo alguno— de las mismas prebendas y privilegios que la mayoría artificial de la 4T en el Congreso aprueba sin pudor.
Aumentos salariales, prestaciones, bonos, confort legislativo… y un silencio que duele más que la mentira.
Sin embargo, y lo digo desde mi apreciación personal, la puntería de estas manifestaciones quizá necesita un reajuste.
Es claro que la figura del Ejecutivo está desgastada —aunque insistan en presumir altos niveles de aprobación—, pero el corazón del problema está en otro lado: el Congreso de la Unión.
Ahí, en ese recinto hoy blindado por intereses y lealtades partidistas, es donde diputados y senadores han ido aprobando, sin el menor rubor, reformas que violentan el espíritu de la Constitución, reformas que condicionan el futuro del país y que lastiman profundamente a los mexicanos.
Es ahí donde las marchas deberían irrumpir con fuerza, con la legitimidad que otorga la indignación ciudadana, para recordarle a esas “representaciones” que no están para obedecer consignas, sino para servir al pueblo que hoy repudian con su indiferencia.
El otro foco de infección —y lo digo con pleno sentido crítico— es el INE.
La institución que durante años representó un contrapeso democrático hoy genera desconfianza, no por capricho social, sino por la percepción colectiva de que su dirigencia se comporta más como un engrane subordinado del poder que como guardiana de la voluntad ciudadana.
El liderazgo de Guadalupe Tadei ha sido señalado —por amplios sectores sociales— de nepotismo, opacidad y alineamiento político. Quizá no haga falta ningún peritaje sociológico para entender por qué: basta ver la forma en que cada decisión parece acompañar dócilmente los intereses del oficialismo.
La generación Z lo intuye, lo huele, lo sabe: México no se desmorona solo por un presidente, sino por estructuras enteras capturadas, por instituciones que han perdido su esencia y por un Congreso que ha dejado de representar al pueblo.
La marcha de hoy es un llamado a despertar. Pero su fuerza será mayor cuando se dirija al verdadero origen de la podredumbre: los recintos donde se aprueban leyes en lo oscuro, los edificios donde se manipulan las elecciones, los espacios donde se han enquistado quienes tratan al país como botín.
México está vivo porque su juventud está despierta. Y ojalá esa energía se encauce hacia los lugares donde las lacras se amontonan, donde la democracia se asfixia y donde el futuro se escribe sin la voz de los ciudadanos.
Es notable que la llama ha encendido con mayor intensidad en el centro del país, el norte frío ha dejado mucho que desear, con una juventud que como pasto mojado ha permanecido entre el temor y la indiferencia.
En el norte han sido otras generaciones las que han salido a marchar, solo unos pocos jóvenes con alto valor civil salieron a las calles a exigir un alto a la ineptitud de un gobierno federal que permanece complaciente ante el crimen organizado, pero que enfrenta con el rigor de la ley las voces que difieren de su forma de ver a México.
Sin embargo, la mecha permanece encendida, como en aquellos tiempos en los que se inició la Revolución, hace apenas poco más de 100 años. Misma que por cierto estaremos celebrado en unos cuantos días, será acaso una premonición de un movimiento social que cambie a configuración del país.
Reitero, los ojos de los mexicanos deben mirar un poco más allá, al Congreso de la Unión y al INE, dos pilares que sostienen la 4T. La presidente con “A” ha hecho lo propio…




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