Notas Principales

Un país no es rico por tener diamantes y petróleo sino por su educación

Por Gabriel Piñón

El profesor en filosofía Antonio Escohotado afirmaba que la riqueza de un país no radica en tener diamantes o petróleo sino en la educación.

Tener educación es saber que puedes robar y no lo haces, es poder bajar de la acera si es estrecha y decir disculpe, educación es decir gracias aunque vayas a pagar una factura o un servicio en un restaurante, y decir gracias cuando te vuelven el cambio.

Ahora podemos explicar porque los pobladores de países de diversas regiones del mundo como África no son ricos, pues, quienes gobiernan mantienen alejada a la población de la educación, aun cuando viven en un territorio plagado de riquezas minerales y bondades naturales.

Países como el nuestro son ejemplo, echemos un vistazo a la educación de México, una mala educación es sinónimo de no riqueza, es decir se condena a las generaciones a vivir en la pobreza.

Un gobierno que pregona preocuparse por los pobres, le conviene mantener pobres a esos pobres, pues son su materia prima, su razón de existir.

Matan sus aspiraciones, matan las empresas que permiten que esos pobres puedan alcanzar la riqueza, y el Estado asume paternalistamente la función de vestir, calzar y alimentar a esos pobres

Dicen elevar el salario mínimo pero elevan los índices inflacionarios que matan el poder adquisitivo de la población cada día, de tal forma que el incremento salarial sirve para dos cosas.

De los hijos de esos pobres se encarga el Estado a través del sistema educativo. Una educación mediocre e ideologizada es la mejor manera.

Reduces materias básicas que permitan un pensamiento lógico y crítico aumentando las asignaturas que normalicen prácticas enajenantes que confunden al pequeño que asiste a clases y que absorbe cómo esponja la enseñanza, confiando en el maestro que se supone será su guía y le dará las herramientas para la vida.

El modelo de Nueva Escuela Mexicana no es más que un refrito ideológico de rancias ideologías marxistas, combinado con las perversas tendencias que prostituyen el lenguaje y las buenas prácticas que enaltecen al ser humano.

Es aquí donde los maestros tomamos cartas en el asunto y en cumplimiento ético de nuestra función formadora debemos rechazar esa complicidad con el sistema.

¿Qué acaso como maestros no alcanzamos a distinguir lo bueno de lo malo, de lo correcto y lo que no es correcto? los niños y jóvenes mexicanos no se merecen la basura de educación que pretende este gobierno imponer.

No seamos cómplices del sistema, demos alas a nuestros niños y jóvenes para que vuelen alto como las águilas reales, que vivan una vida digna, con pensamiento crítico y que sean responsables de sus propias decisiones. Estos alumnos se constituirán con el paso del tiempo en jóvenes y adultos no pobres, porque la recuerden que la pobreza no es únicamente económica, sino mental, espiritual y cultural.

Cuando viajo en transporte público y arribamos a la parada final en el Campus Universitario da un gran orgullo ver cómo el trabajo educativo rinde frutos al escuchar un repetido gracias que dan estudiantes al chófer a descender del camión por el servicio brindado de trasladarlos a su destino universitario. Ahí está la educación de la que nos habla el ilustre maestro español Antonio Escohotado al inicio de esta reflexión.

Educar es reconocer en el otro su dignidad y que a su vez se constituye en la urdimbre que da consistencia a los vínculos sociales que nos unen como seres humanos. Finalmente: educación es aquello que nos permite el respeto ilimitado por los demás.

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