La Falla de la Coatlicue: Anuncian Supercomputadora de $6,000 Millones con Cifras Matemáticamente Imposibles
¿Les suena familiar este guión? México anuncia con bombo y platillo una supercomputadora, bautizada como Coatlicue, que costará la imprescindible cantidad de 6 mil millones de pesos para ser la más potente de Latinoamérica. El problema no es el ambicioso objetivo; el problema es que los números, la parte más básica de la promesa, no cuadran.
El patrón es escalofriante, y la memoria colectiva nos obliga a mirar el espejo del pasado reciente. Hace poco vivimos la promesa de la Megafarmacia del Bienestar, lanzada para terminar con el desabasto de medicamentos. ¿El resultado? Un gasto que superó los 15 mil millones de pesos, documentadas irregularidades por la Auditoría Superior de la Federación y un resultado final patético: una bodega casi vacía que, en cuatro meses, surtió apenas 341 recetas. Mientras tanto, el IMSS reportó 4.5 millones de recetas sin surtir solo este año. Una tragedia sanitaria financiada con dinero público.
Ahora, el discurso se repite en el terreno tecnológico. Nos dicen que Coatlicue tendrá 14,480 GPUs para generar 314 petaflops de potencia. La lógica y la matemática de la física no mienten: para obtener solo 314 petaflops, la tecnología anunciada no requeriría las 14,480 GPUs prometidas. Los expertos señalan que con esa cantidad de hardware, la potencia mínima debería rondar los 869 petaflops y podría llegar a más de 28 mil petaflops en una configuración de alto rendimiento.
La conclusión es inevitable: los números del anuncio son físicamente imposibles. O tienen muchas menos unidades de procesamiento, o alguien en el equipo de comunicación leyó y replicó cifras que no entiende. En un proyecto de 6 mil millones de pesos, la incompetencia o la opacidad son igual de graves.
Los 6 mil millones de pesos destinados a un proyecto cuyas cifras técnicas ni siquiera superan la prueba de la aritmética elemental, no son una simple partida presupuestal. Son recursos que equivalen a financiar más de 600 mil cirugías o a equipar completamente 150 hospitales.
No se trata de ser pesimista sobre la necesidad de infraestructura tecnológica en México, que es urgente. La pregunta esencial es la auditoría y la rendición de cuentas. ¿Quién está validando que estas cifras son reales? ¿Quién garantizará que estos 6 mil millones no se conviertan en otro «elefante blanco» costosísimo, como la Megafarmacia, mientras el sector salud sigue en crisis crónica?
Cuando un gobierno presenta números técnicamente irreales para un proyecto de esta magnitud, no está solicitando confianza. Está exigiendo fe ciega. Y la historia reciente nos ha enseñado que la fe ciega, financiada con dinero público, solo sirve para construir fracasos monumentales. Los datos verificables, por el contrario, sí construyen países.

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