Carta de Alfonso Reyes a la Presidenta de México sobre las mañaneras
Presidenta Claudia Sheinbaum Pardo:
Permítame, desde este mirador intempestivo donde habitan los escritores que ya sólo conversan por carta, ofrecerle unas líneas a propósito de esa herencia peculiar que recibió del presidente López Obrador: las célebres mañaneras.
No desconozco — ¿cómo podría? — la vieja necesidad política de dirigirse al pueblo “sin intermediarios”. Pero también aprendí, en mis vagabundeos por las letras y los asuntos públicos, que la palabra pública tiene sus ritos, sus formas y hasta sus silencios. Un país que conversa a diario corre el riesgo de dejar de escucharse.
Las mañaneras, Presidenta, nacieron con la ambición de ser un foro moral, una suerte de ágora donde se aclararía el rumbo de la República. Pero la moral, como la poesía, es celosa: no se deja apresar en rutinas. La virtud no se transmite por decreto ni por comparecencia diaria; se cultiva —permítame recordarlo— con el ejemplo sobrio, el argumento razonado y el espíritu que se eleva sin grandilocuencia.
¿Enriquecen esas conferencias la vida moral y espiritual de México?
Confieso mi duda.
El exceso de palabras, en un país tan necesitado de reflexión, puede ser una forma de ruido. Y el ruido —lo sé por experiencia— es enemigo natural del espíritu. La pedagogía cívica exige pausa, mesura, crítica; no un catecismo matutino que divide el mundo entre los suyos y los otros, entre los buenos y los malos, como si la República fuera un escenario y no una tarea común.
No olvido que México ama las plazas y la voz fuerte. Pero también necesita la serenidad que permite pensar. En mi época, advertí que la cultura debía ser punto de encuentro y no de confrontación; un balcón abierto, no un púlpito. Me pregunto si la nación no agradecería, más que la continuidad del formato, una transformación del espíritu: que la palabra presidencial sea fiesta de inteligencia, no ceremonia de repetición; conversación que sume, no espada que divida.
México —lo dije una vez y lo repito ahora— es una obra en perpetuo esbozo. Y a esa obra no se la edifica con discursos cotidianos, sino con instituciones fuertes, ciudadanos confiados en sí mismos y una moral pública que brote de la verdad y la responsabilidad.
Si las mañaneras han de permanecer, que sea para iluminar y no para oscurecer; para esclarecer y no para sentenciar. La patria lo merece: su espíritu es demasiado grande para vivir entre consignas.
Con respeto y esperanza,
Alfonso Reyes
Nota editorial
El siguiente texto es una carta de interpretación histórica y literaria elaborada por la redacción. Su propósito es reflexionar, desde la voz simbólica de personajes fundamentales de México, sobre la actualidad política y social del país. No corresponde a documentos auténticos, sino a ejercicios de memoria crítica, análisis y creación periodística.
¿Quién fue Alfonso Reyes?
Alfonso Reyes (1889-1959), conocido como el «Regiomontano Universal», fue un destacado escritor, ensayista, poeta, diplomático y humanista mexicano del siglo XX. Fue una figura central en la cultura mexicana y latinoamericana, miembro fundador de El Colegio Nacional, presidente de la Academia Mexicana de la Lengua y dejó una gran influencia en escritores como Octavio Paz y Jorge Luis Borges.
Fundó el Ateneo de la Juventud junto a otros intelectuales como José Vasconcelos y Antonio Caso. Escribió prolíficamente en diversos géneros, desde la poesía hasta la crítica literaria y el ensayo. Sus obras abordan temas clásicos y universales, pero también reflexionan sobre la cultura mexicana.

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