Carta de Julio Scherer García sobre el servilismo en las mañaneras
Presidenta Claudia Sheinbaum:
Le escribo desde la única trinchera que conocí: la palabra libre. No lo hago para adularla ni para denostarla, sino para recordarle —y recordarnos— que el periodismo no nació para inclinar la cabeza, sino para sostenerla.
He visto, con una mezcla de tristeza y vergüenza ajena, el desfile cotidiano de reporteros que acuden a la conferencia matutina para hacer del micrófono una reverencia. Preguntas que no buscan respuesta, sino aprobación. Voces que no investigan: obedecen. Periodistas que entran como si fueran feligreses esperando indulgencias.
Eso no es prensa. Eso es servidumbre.
Usted heredó un formato que confunde comunicación con liturgia. Y en esa liturgia, algunos colegas han decidido convertirse en acólitos. No es culpa sólo del poder: es una renuncia propia. Un periodista sin dignidad es un funcionario mediocre, y a veces ni eso. El oficio exige riesgo, distancia, conciencia. No estamos para complacer al gobernante, sino para incomodarlo.
Lo dije muchas veces: el poder es el enemigo natural del periodismo. No porque sea perverso, sino porque es poder. Y el poder —todo poder— tiende a reducir el espacio del disenso. Cuando la prensa se arrodilla, la sociedad queda desarmada.
Las mañaneras podrían ser un ejercicio democrático, pero hoy son un escenario donde algunos colegas se ofrecen como coro. Usted, Presidenta, no necesita aduladores: necesita periodistas que no le permitan equivocarse sin que alguien lo señale. Y México necesita voces que no pidan permiso para preguntar.
Si la prensa se somete, el país se queda ciego. Si la prensa se entrega, la República se indigesta de propaganda.
Le ruego —más aún: le exijo desde mi oficio— que cuide ese espacio. Que no premie el servilismo, que no tolere la sumisión disfrazada de gratitud. Y a los periodistas que ahí acuden les digo, aunque ya no me puedan escuchar en vida: no vendan el alma por una pregunta leída desde una tarjeta. No se rebajen. No olviden que la palabra es un arma, no una limosna.
El periodismo libre es incómodo. El servilismo es cómodo, pero destruye.
Con franqueza y sin miedo,
Julio Scherer García
Nota editorial
El siguiente texto es una carta de interpretación histórica y literaria elaborada por la redacción. Su propósito es reflexionar, desde la voz simbólica de personajes fundamentales de México, sobre la actualidad política y social del país. No corresponde a documentos auténticos, sino a ejercicios de memoria crítica, análisis y creación periodística.
¿Quién fue Julio Scherer García?
Don Julio Scherer García fue un destacado periodista y escritor mexicano, considerado uno de los más influyentes del siglo XX. Fue director del diario Excélsior de 1968 a 1976, y tras ser forzado a dejarlo por el presidente Luis Echeverría, fundó la revista Proceso. Como autor, escribió numerosos libros y es conocido por su periodismo crítico que denunciaba la corrupción y el abuso de poder.
Julio Scherer García escribió un total de 22 libros entre 1965 y 2013. Después del primero, titulado Siqueiros: La Piel y la entraña (1965) (FCE 2003), debieron pasar 19 años para publicar el segundo, el inolvidable Los Presidentes (Grijalbo 1986).
Fue director fundador de Proceso y hasta su muerte, presidente del Consejo de Administración de CISA, la empresa que edita el semanario, se ocupó en sus libros de expresidentes, de la matanza de Tlatelolco, de las cárceles, de sus más renombrados presos, de los presidentes de Chile, Salvador Allende y Augusto Pinochet, y de temas como el de los secuestros y la delincuencia de menores de edad, así como en un par de ellos, a su vida, su única, de periodista.
Don Julio Scherer escribió otras obras como:
El poder: historias de familia (Grijalbo 1990); Estos años (Océano 1995); Salinas y su imperio (Océano (1997); Cárceles (Alfaguara 1998); Parte de Guerra, en coautoría con Carlos Monsiváis (Aguilar 1999); Máxima seguridad (Random House Mondadori 2001); Pinochet, vivir matando (Alfaguara 2000 y Nuevo Siglo-Aguilar 2003); Tiempo de saber: Prensa y poder en México, en coautoría con Carlos Monsiváis (Aguilar 2003); Los patriotas. De Tlatelolco a la guerra sucia (Nuevo Siglo Aguilar 2004); El perdón imposible (FCE) (Versión ampliada de Pinochet, vivir matando); El indio que mató al padre Pro (FCE 2005); La pareja (Plaza & Janes (2005); La terca memoria (Grijalbo 2007); La reina del Pacífico (Grijalbo 2008); Allende en llamas (Almadía 2008); Secuestrados (Grijalbo (2009); Historias de muerte y corrupción (Grijalbo (2011); Calderón de cuerpo entero (Grijalbo 2012); Vivir (Grijalbo 2012) y Niños en el crimen (Grijalbo 2013).
Scherer García recibió en 1971 el premio María Moors Cabat y en 1977 fue reconocido como el periodista del año por Atlas Word Press Review de Estados Unidos.
En 1986 se le entregó el premio Manuel Buendía 1986 y dos años después rechazó el Premio Nacional de Periodismo, que en ese entonces entregaba el presidente de la república en turno.
En 2001 recibió el reconocimiento Roque Dalton y en el 2002, quizá el reconocimiento que más lo conmovió: el Premio Nuevo Periodismo CEMEX-FNP, promovido por el escritor Gabriel García Márquez, en la modalidad de homenaje.
Un año después, aceptó el Premio Nacional de Periodismo, cuando su organización y entrega se había ciudadanizado.
Ya el 20 de marzo de 2014 recibió el grado de Doctor Honoris Causa de la Universidad Autónoma Benito Juárez de Oaxaca.
Y el 3 de octubre pasado, otorgada por el Proyecto Cultural Revueltas, recibió la medalla John Reed por su trayectoria periodística y sus contribuciones a la libertad de expresión.
Los anteriores datos biográficos (o contenido de la carta) de Julio Scherer fueron tomados de una reseña del director fundador de Proceso publicada por el periodista Alejandro Caballero el 7 de enero de 2015.

Comparte nuestras notas: