Reflexión: Las universidades públicas, guardianas del porvenir
Por Gabriel Piñón
Hoy, que los pasos me llevaron con rumbo a la Universidad, me encontré con un escenario que da esperanza aun en los momentos difíciles que vive nuestro país. Decenas de jóvenes llegaban a las diversas facultades que congrega el Campus II de la Universidad Autónoma de Chihuahua para presentar su examen de admisión.
Pensé en la trascendencia que este acontecimiento tiene, no solo para la vida individual de cada joven que llega a nuestras aulas, sino de la institución, para la vida misma de nuestro estado y país, incluso me atrevo a pensar para el mundo.
A unos días en que la UACH celebre sus 71 años de vida, me convenzo cada vez más de la nobleza que encierra la institución del sistema de universidades públicas- y por supuesto reconozco la labor que realizan las universidades privadas.
Presentar el examen de admisión en la Universidad Pública no es casualidad ni trámite burocrático. Es un acto ritual, profundo y casi sagrado, porque en cada aspirante que entra al aula hay una historia en movimiento, un sueño en ciernes y una esperanza que busca sitio en el porvenir.
José Fuentes Mares, gran pensador chihuahuense, solía recordarnos que la educación no pertenece solo al ámbito de la técnica o la instrucción, sino al de la conciencia colectiva, ese espacio en el que una comunidad decide lo que será. Él veía en las instituciones públicas una apuesta moral: la convicción de que un pueblo puede elevarse por encima de su destino inmediato si cultiva la inteligencia y el carácter de sus hijos.
Para José Vasconcelos, el gran humanista que concibió a la universidad como la “forja de la raza espiritual de México”, afirmaba que la educación debía ser un medio para trascender, un acto de liberación y una batalla contra la pobreza del espíritu. En su visión, donde hay una universidad pública hay también una antorcha encendida contra la ignorancia, la desigualdad y la resignación.
Por eso, las universidades públicas no son edificios, ni trámites, ni estadísticas de ingreso; son recintos que amalgaman sueños. Son el punto de partida donde un joven —y con él toda su familia— deposita años de sacrificios, madrugadas, trabajos dobles, esperanzas silenciosas y la fe en que el conocimiento puede abrir lo que parecía imposible.
Cuando un muchacho se sienta frente a un examen, no está solo. Lo acompaña la historia de su hogar, la voz de quienes lo animaron a continuar, la expectativa de un barrio que ve en él la posibilidad de romper círculos de desigualdad. Y está, además, el país entero, que sabe que su futuro depende de la inteligencia que hoy se cultive en estas aulas.
Una nación que cuida sus universidades públicas se cuida a sí misma. Una nación que las abandona, se abandona también.
Porque es en estos espacios donde se forman enfermeros, médicos, ingenieros, maestros, abogados, artistas y científicos… pero, sobre todo, ciudadanos. Personas capaces de pensar críticamente, de cuestionar, de construir y de defender aquello que garantiza la vida digna y la libertad.
Hoy la UACH vuelve a ser escenario de ese viejo milagro que Fuentes Mares y Vasconcelos entendieron tan bien: el milagro de la educación pública como acto de fe en el otro. Cada aspirante que cruza sus puertas es una promesa. Cada examen, una apuesta por el mañana. Y cada universidad abierta, un recordatorio de que México todavía confía en la inteligencia, en la cultura y en la juventud como motores de su destino.
Ojalá que, como nación, nunca dejemos de defender estos recintos de luz donde los sueños de muchos se vuelven posibilidad para todos.
Saludo con aprecio y felicito a nuestra gran comunidad universitaria, maestros, estudiantes, trabajadores administrativos, y todos aquellos universitarios padres de familia que confían el futuro de sus hijos a nuestra Universidad. A quienes desde el gobierno apoyan la gran obra Universitaria, que se forja como la fragua pero que le da ese gran sentido de trascendencia en el tiempo.
Celebremos este aniversario de nuestra querida Alma Mater. La Universidad Autónoma de Chihuahua y expresemos el orgullo, el orgullo de ser UACH!
Enhorabuena.
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