Carta de Francisco I. Madero a la Presidenta Claudia Sheinbaum
Sobre la amenaza a la democracia y la dignidad del ciudadano
C. Presidenta de los Estados Unidos Mexicanos, Claudia Sheinbaum Pardo:
Le escribo movido por la misma preocupación que me llevó, hace más de un siglo, a enfrentar la tiranía por la vía pacífica y democrática. Luché contra un régimen que se decía patriótico y popular, pero que en la realidad sofocaba las libertades y gobernaba para perpetuarse. No quisiera ver a México repetir aquellos errores que tanto dolor dejaron en nuestra historia. La democracia no se reduce a ganar elecciones.
Presidenta, usted sabe bien que la democracia no es solamente llegar al poder por el voto: es gobernar con respeto a la pluralidad, a la prensa libre, a la crítica y a los contrapesos.
Cuando un gobierno utiliza su fuerza electoral para transformar el Congreso en simple ejecutor de su voluntad, cuando los poderes dejan de ser independientes y el debate se considera estorbo, entonces la democracia corre peligro.
El pueblo puede elegir a sus gobernantes, pero si éstos no respetan las libertades, el sufragio efectivo se convierte en palabra vacía. El autoritarismo siempre se disfraza de virtud.
Presidenta: los autoritarismos del pasado nunca se presentaron como tales; siempre se proclamaron redentores. El respeto a la Constitución es la base de la vida democrática.
Cuando escribí La Sucesión Presidencial en 1910, advertí que ningún gobierno debía tener facultades ilimitadas. La Constitución existe para frenar los excesos de los gobernantes, no para ser moldeada a su antojo.
Modificar la Carta Magna para servir a un proyecto político es traicionar el espíritu democrático por el cual tantos luchamos. El pueblo no es masa: es conciencia, conciencia de quienes están en el poder, que cuando se hace manifiesta y reclama, es pasto seco que enciende la flama.
Ningún gobernante tiene derecho a tratar al pueblo como instrumento de legitimación.
La opinión pública debe ser libre, no dirigida desde el poder.
Me dolería profundamente que se criminalice la protesta, que se intimide a los jóvenes, que se pretenda callar a quienes piensan distinto. La democracia requiere ciudadanos valientes, no obedientes. La verdadera fuerza de un presidente no está en dominar, sino en escuchar.
No olvide que yo también tuve mayorías, apoyo popular y un país esperanzado. Pero jamás utilicé ese respaldo para someter a nadie. Creí —y sigo creyendo— que la autoridad moral de un gobernante proviene de su capacidad de diálogo, de tolerancia y de humildad.
El poder que no se escucha a sí mismo acaba escuchando únicamente su propia soberbia.
Concluyo con respeto, pero también con firmeza. La historia juzga con dureza a quienes, teniendo la oportunidad de fortalecer la democracia, optan por concentrar el poder. México no merece un nuevo periodo de sumisión disfrazada de renovación.
El espíritu democrático no muere mientras existan mujeres y hombres que exijan respeto a la libertad.
Atentamente,
Francisco I. Madero
Apóstol de la Democracia
Presidente Constitucional de los Estados Unidos Mexicanos (1911–1913)
Nota editorial
El siguiente texto es una carta de interpretación histórica y literaria elaborada por la redacción. Su propósito es reflexionar, desde la voz simbólica de personajes fundamentales de México, sobre la actualidad política y social del país. No corresponde a documentos auténticos, sino a ejercicios de memoria crítica, análisis y creación periodística.

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