Notas Principales

El valor de los símbolos en la tradición e identidad de un pueblo

Por Gabriel Piñón

Recorren por mi mente una serie de acontecimientos de la vida cotidiana del pueblo de México que nos recuerdan el valor de los símbolos en el destino del ser humano, y en particular del mexicano.

En el caso del ser humano, Ernst Cassirer lo define como un animal simbólico y lo describe como una criatura que crea y se relaciona con el mundo a través de símbolos (lenguaje, arte, mito, ciencia) a diferencia de otros animales que solo usan signos instintivos.

Es decir para el ser humano es fundamental la creación literaria, artística, mitológica y científica. A través de estas el humano se abstrae y obtiene esa capacidad de crear, inventar, innovar. Sin ella podríamos considerar que estaríamos encerrados en nuestro propio cuerpo, en un mundo interior en el que se sumergen los seres inferiores, incapaces de crear, inventar e innovar, motivo por el cual el ser humano es considerado un ser superior.

Lo anterior no se afirma con ánimo de desprecio y superioridad del humano por sobre los otros seres que lo acompañan en su trascender histórico, sino como una forma de ilustrar la enorme responsabilidad de este, ante los demás seres que cohabitan el planeta con él.

En lo particular el mexicano posee símbolos que le dan no únicamente fortaleza corporal sino también espiritual, que lo definen y lo diferencian de los demás pueblos: La Virgen de Guadalupe.

El pasado 12 de diciembre se lleva a cabo la celebración de sus apariciones en el cerro del Tepeyac. La Virgen de Guadalupe, que no solo representa una imagen o una idea, es fe, una fe que trasciende al tiempo y que simboliza la unidad, la esperanza y el destino de una nación.

Aun cuando surgen voces que intentan deslegitimar la presencia de la protectora del mexicano, que en su regazo consuela por igual a los afligidos por penas corporales y espirituales, la Virgen de Guadalupe no se desvanece, sigue erguida y fundamenta la espiritualidad de millones de mexicanos que no solo radican en el territorio nacional, sino en diversas partes del mundo, llegando inclusive a países lejanos de todos los continentes.

Al escuchar el sermón de la festividad de misa de Gallo por la celebración del día de la Virgen de Guadalupe, el sacerdote llamo a defender la fe, y a atender el origen de la Reyna y Patrona de México. Ciertamente es que el templo que se erigió en su honor en el Cerro del Tepeyac, fue levantado sobre los escombros de aquello que veneraba a la diosa Tonantzin madre de Quetzalcóatl, a este último a quien los aztecas representaban como una serpiente, la serpiente emplumada; tal hecho no fue una imposición, sino un acontecimiento que toma relevancia en lo escrito en el Génesis en el que La Virgen María Inmaculada está profetizada venciendo a la serpiente y lo hace precisamente en la nación que hoy es México. Para los católicos la Virgen de Guadalupe se coloca por encima de todos aquellos dioses que calmaban su ira con el tributo de sangre y corazones en su honor. El bien venció sobre el mal.

Es así que lejos de ser una imagen o una simple creencia, la Virgen de Guadalupe, es el emblema que reúne a millones de mexicanos en cada parte de nuestro país, sin importar que tan grande o chico sea el pueblo. Los sonidos de cascabeles y penachos coloridos se unen en una danza que se convierte en ritual, no hay sangre derramada solo símbolos que se unen a la fe y dan sentido al mexicano. Hoy en día, la basílica de Guadalupe situada en el corazón de México, es la que más millones de fieles católicos reúne al año en el mundo después de la sede del Vaticano.

Ahora de lo espiritual pasamos a lo material, a un elemento que pareciera simple pero es tan complejo que causa temor e inquietud en altos niveles de gobierno, me refiero al sombrero.

De igual forma, al paso del tiempo lo hemos podido observar, como un elemento identificador del Campo mexicano: el sombrero. Esta pieza en el vestir del ranchero toma relevancia después del artero asesinato del alcalde de Uruapan, Michoacán, Carlos Manzo y se vuelve visible de tal forma que en uno de los espectáculos matutinos del gobierno progre de México “La Mañanera”, el staff ordena retirar de la escenografía los sombreros que el gobernador de Nuevo León, Samuel García había llevado para ilustrar con este símbolo el anuncio de las sedes en México del mundial que se celebrara de manera conjunta en México, Estados Unidos y Canadá, pero que sin embargo causa urticaria al gobierno de la 4T con referencia al movimiento del sombrero que nace la muerte de Carlos Manzo, y que motivo que diversos sectores del país se movilizaran ante el hartazgo de la violencia y la extorsión en el país.

El sombrero causa resquemor en la clase política de la 4T de tal forma que en esa transmisión la presidente Claudia Sheinbaum, hizo como coloquialmente dice el pueblo bueno y sabio “hizo como que la virgen le habla” al ser cuestionada por un reportero del motivo de retirar los sombreros de la escenografía montada con motivo mundialista al afirmar con cara de asombro ¿cuáles sobreros?, millones de mexicanos lo observamos, pero para ella nunca existieron tales sombreros, en fin una mentirilla más para la presidente con A de mujer.

“Sin sombrero no hay vaquero” cita una frase de una cinta de dibujos animados, y es que el hombre de campo, bueno todo aquel que se precie de ser del campo, utiliza el sombrero no como moda, sino como algo necesario que lo cubre y protege de las inclemencias del tiempo, pues como bien se dice la gente del campo trabaja de sol a sol, algo que el burócrata promedio no conoce, y digo burócrata al referirme al político ordinario que solo se desvela al final los periodos legislativos que “justifican” sus dietas y arrimadijos de fin de año, y que con ello pretende justificar su “trabajo y amor por la patria” al defender con uñas y dientes el presupuesto que por “supuesto” se habrán de gastar el siguiente año.

El sombrero va más allá de una moda es parte del ranchero, del agricultor, del ganadero, y es un símbolo del mexicano que nace y se hace en el campo.

Los símbolos proveen de identidad a un pueblo, y esa identidad nos sitúa en el lugar exacto de lo que somos, tomando de base nuestro pasado, y con ello poder construir el presente que nos garantice un mejor futuro.

Pretender un gobierno borrar esos símbolos es atentar contra el propio pueblo, defendamos con orgullo todo aquello que nos da identidad, porque sin identidad un pueblo es fácil que pierda el rumbo.

Así que repitamos con orgullo el estribillo que a la letra dice “Desde entonces para el mexicano, ser guadalupano es algo esencial”. Y arriba los sombreros, símbolo de trabajo y de lucha del pueblo de México.

La identidad nos da unidad y esperanza de un futuro promisorio.

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