Notas Principales

La Navidad para la Generación Interbellum nacida entre 1900 y 1914

Por Gabriel Piñón

La denominación de esta generación toma su nombre de un término derivado del latín «entre» y bellum «guerra» que se usa para denominar a personas nacidas en la primera década del Siglo XX.

Muy jóvenes para luchar en la Primera Guerra Mundial, y grandes para alistarse en la Segunda, se hicieron mayores de edad en los locos aƱos ’20 y la fase inicial de la crisis mundial de la Gran Depresión.

Algunas características de esta generación fue el de ideales rotos por la realidad, cierta acumulación egocentrista (guardar y conservar para tiempos malos), trabajar sin descanso.

Para quienes nacieron en México entre 1900 y 1914, la Navidad se vivía de una forma muy distinta a la actual. En plena transición entre el Porfiriato, la Revolución Mexicana y los primeros años del México moderno, el regalo no era el centro de la celebración. La prioridad era el rito religioso, la reunión familiar y la comida, y en muchos casos, no había obsequios materiales como hoy se conciben.

MƔs Reyes Magos que Santa Claus

Durante las primeras dƩcadas del siglo XX, la entrega de regalos estaba vinculada principalmente al Dƭa de Reyes, el 6 de enero, no a la Nochebuena. La figura de Santa Claus era prƔcticamente inexistente en la cultura popular mexicana antes de los aƱos treinta.

Los niños esperaban con mayor ilusión los Reyes Magos, quienes solían dejar regalos sencillos, acordes con la economía familiar y las costumbres de la época.

¿Qué tipo de obsequios se daban?

Entre los regalos mƔs comunes estaban los juguetes artesanales: trompos de madera, baleros, canicas, yo-yos, muƱecas de trapo, carritos de hojalata, caballitos de madera.

Estos juguetes eran fabricados artesanalmente, muchas veces por los propios padres, abuelos o artesanos locales.

Los obsequios se centraban en objetos útiles. En los hogares modestos los regalos podían ser: ropa nueva o remendada (zapatos, suéteres y rebozos), o bien cuadernos, lÔpices o pizarrines; libros religiosos, catecismos o silabarios.

TambiƩn recibir ropa nueva en Navidad o Reyes era considerado un privilegio y motivo de orgullo.
En zonas rurales y barrios populares, los obsequios consistĆ­an en dulces de piloncillo, frutas de temporada como naranjas, tejocotes, caƱas, pan dulce o buƱuelos o pequeƱas bolsas de dulces caseros. En la mayorĆ­a de los casos la piƱata era el verdadero ā€œregalo colectivoā€, motivo de reunión para formarse y esperar el turno, cantar mientras cada integrante de la fila le tocaba pegarle a la piƱata, esperando que las colaciones (dulces y frutas al interior de la piƱata) cayeran para abalanzarse y ā€œagarrarā€ lo que se pudiera.

Fue una época diferencias sociales marcadas en las que las familias acomodadas, principalmente en ciudades grandes los niños podían recibir juguetes importados de Europa o Estados Unidos, trenes de cuerda, muñecas de porcelana, libros ilustrados y juegos de mesa. Sin embargo, este tipo de regalos los recibía una minoría y reflejaba una clara distinción de clase.

La Revolución y la austeridad

La Revolución Mexicana (1910–1920) impactó profundamente las celebraciones. Para muchas familias, la Navidad se redujo a lo esencial: rezar, compartir alimentos sencillos y mantenerse unidos.

En ese contexto, el regalo material pasó a un segundo plano, y el valor simbólico de la reunión familiar cobró mayor importancia.

Una Navidad distinta, pero no menos significativa

Para la generación nacida entre 1900 y 1914, la Navidad no se medía por la cantidad de obsequios, sino por la experiencia comunitaria. El regalo, cuando existía, era modesto, duradero y cargado de significado. MÔs que juguetes costosos, se obsequiaba tiempo, cuidado y pertenencia, valores que marcaron a una generación formada en la austeridad y el trabajo.

Información de apoyo: Daniel Colomo-Linkedin

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