La Navidad de la Generación X (1965–1980): entre el cassette, la modernidad urbana y el inicio del consumismo global
Quienes nacieron entre 1965 y 1980 crecieron en un México que dejaba atrás el optimismo del “milagro mexicano” y entraba en una época de crisis económicas, inflación, devaluaciones y cambios culturales intensos. A pesar de ello, su Navidad fue quizá la más equilibrada de todas: tradicional, familiar y espiritual, pero también moderna, tecnológica y cada vez más influida por la globalización.
Esta generación vivió la Navidad antes y después del internet, y por eso su forma de celebrarla se convirtió en un puente entre el México antiguo y el México contemporáneo.
Un país en transformación: crisis económicas, modernización y vida urbana
Los Gen X crecieron escuchando que “hay que apretarse el cinturón”, pero también escuchando música en cassette y viendo caricaturas japonesas en la televisión a color.
En su infancia, México enfrentaba a la famosa crisis del 82 con un presidente Miguel López Portillo a quien se le reconoció por su frase “defenderé el peso como un perro”.
Las ciudades comenzaron a crecer de manera descontrolada, los automóviles comenzaron a circular con mayor auge. Aparecen los primeros supermercados como Gigante, Aurrera y Soriana. La ciudad de México es sacudida por el terremoto de 1985.
En ese contexto, la Navidad no era exuberante, pero sí intensa, alegre y profundamente familiar.
¿Qué regalos recibían los niños? Los juguetes icónicos de la historia moderna
La Generación X vivió la edad de oro del juguete mexicano e internacional.
Sus regalos navideños se volvieron leyenda:
Para niños y niñas en México los carritos y pistas Hot Wheels, muñecas Barbie y luego las Cabbage Patch Kids, microscopios, telescopios y juegos de química; Tente, Giochi Preziosi, soldaditos, Transformers y como no figuras de acción como He-Man, esqueletor y los amos del Universo, los Thundercats, G.I. Joe, y para los deportistas pelotas, balones Voit o las avalanchas.
Los juguetes de fabricación nacional también tenían presencia, quien no recuerda los comerciales de las muñecas Lili Ledy o los superhéroes Supermán y Batman de plástico; tazos y trompos metálicos, caballitos y triciclos Apache y los walkman genéricos.
Para adolescentes disfrutaron de radios portátiles, cassettes de música, los relojes Casio, patines de cuatro ruedas y las bicicletas BMX.
La Navidad comenzó a dejar de girar solo en torno a lo religioso: la ilusión tecnológica había llegado para quedarse.
El árbol, las luces y la casa decorada: la Navidad mexicana se vuelve visual
Para esta generación el árbol artificial verde se volvió la norma; surgieron las primeras luces multicolores intermitentes, las casas comenzaron a llenarse de espuma de nieve y la televisión mostraba cada vez más canciones, comerciales y películas navideñas.
Los Gen X crecieron con artistas como José Feliciano, Yuri, Pandora, Juan Gabriel, villancicos de Tatiana, y cassettes navideños piratas del tianguis.
Más tarde, en los 90, ya siendo adultos jóvenes, la Navidad sonaba a Mariah Carey, Luis Miguel, “Last Christmas” de WHAM! y los clásicos de los 80. La música definió el tono emocional de la temporada.
¿Qué significaba la Navidad para esta generación?
La Generación X vivió una Navidad con varios rasgos distintivos:
La noche familiar por excelencia a diferencia de épocas posteriores, la Navidad era intensamente familiar. Las cenas incluían pavo, lomo, ensalada de manzana, romeritos, ponche y buñuelos.
En la que se mezclaba la tradición y modernidad siendo los nacimientos un espacio central, pero ya convivían con Santa Claus, árboles y esferas coloridas.
Se comenzó con un consumo moderado, pero cada vez más presente a pesar de la crisis, se hacía un esfuerzo especial para comprar algo para los niños.
La Navidad era una inversión emocional.
El amanecer del día 25, el día de navidad era un momento esperado, todos salían a la calle para mostrar sus regalos, y comenzaba el momento de compartir, bastaba un balón para que se hiciera la cascara de retas, y a quien le tocaba se tenia que quitar la camiseta, y así comenzaba el partido. No faltaba que el valor volar a una casa de vecino gruñón que luego no quería regresar el balón, sino había repuesto había que brincarse la barda y que Goliat o Nerón persiguieran al aventado que rescataba el balón.
Fue la última generación que aprecio el valor de la convivencia sin pantallas, sin celulares ni internet, la Navidad era conversación, música, juegos de mesa, historias familiares y televisión compartida. La generación de los niños que pasaban largo tiempo jugando con sus amigos de barrio al futbol, béisbol, o recorrer las calles en sus bicicletas libremente. Los trompos, los yo yos, los álbumes de estampas de máscaras de luchadores; juegos como el bote volado, la pelota quemada, el uno membruno, el chinche lagua laguarinchi eran motivo de reunión en las esquinas del barrio para convivir, no se necesitaba más que la presencia de un grupo de amigos para jugar. Una época entrañable de compartir y convivir.
Mientras tanto, afuera la cultura estadounidense comenzó a dominar, Japón exportaba caricaturas y juguetes; el cine navideño se volvía tradición global, y los centros comerciales se llenaban de luces y ofertas.
México absorbió todo esto sin perder su esencia.
La Navidad que equilibró tradición y modernidad
La Generación X fue la última en vivir una Navidad sin redes sociales, sin celulares, sin hiperconsumo, con regalos modestos pero memorables, rica en convivencia real y llena de símbolos espirituales y familiares.
Pero también fue la primera en vivir una Navidad con televisión a color, juguetes industriales, música moderna, y un mundo cada vez más conectado.
Su Navidad fue, quizá, la más equilibrada y entrañable del México contemporáneo.
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