¿Hasta cuándo?
México está de luto… y también cansado de la impunidad
Por Gabriel Piñón
El descarrilamiento del Tren Interoceánico en Oaxaca, que dejó un saldo de 13 personas muertas y 98 lesionadas, no es solo un accidente, es el síntoma más reciente de un país que sigue pagando, con vidas humanas, las consecuencias de la corrupción, la negligencia y la impunidad con que se construyen y administran las grandes obras públicas.
Cada tragedia tiene muchos rostros, nombres, historias truncadas. Pero también tiene un origen. Y ese origen, en México, casi siempre es el mismo: el dinero que se escurre a manos llenas entre quienes lucran y se enriquecen dando como resultado obras mal supervisadas, malos materiales, prisas políticas en anunciarlas y enormes redes de favores que sustituyen a la técnica, la ética y la ley. Bien decía el tristemente célebre Andrés Manuel López Obrador que gobernar no tenía ciencia, he ahí el resultado.
Hoy, a casi punto de finalizar el año, el país vuelve a estar de luto. Y no por un hecho inevitable, sino por algo que pudo prevenirse.
El discurso oficial de la presidente Sheinbaum en el que anuncia la trillada apertura de carpetas de investigación, sin responsables, es algo que los mexicanos hemos escuchado de sobra. Recordemos la tragedia de la Línea 12 del Metro, cuando murieron 26 personas. Las investigaciones avanzaron lento, los expedientes se diluyeron, y al final, la justicia se quedó archivada, justo cuando la hoy presidente, Claudia Sheinbaum, encabezaba el gobierno capitalino.
Este nuevo accidente del Tren Interoceánico exige mucho más que declaraciones, condolencias y anuncios protocolarios. Exige verdad. Exige nombres. Exige responsables. Y exige, sobre todo, cárcel para quienes han tejido las redes de corrupción que rodean las obras públicas de la llamada Cuarta Transformación.
Detrás de cada durmiente mal colocado, de cada tornillo omitido, de cada inspección simulada, hay alguien que se enriqueció. Y mientras ellos incrementan sus fortunas, los usuarios pagan con la vida.
México no puede permitir que este cierre de año quede marcado únicamente por la tragedia. Tiene que quedar un precedente de castigo a los responsables.
La presidenta de la República está obligada a ir más allá de los comunicados. No basta con investigar; hay que procesar, sancionar y encarcelar a quienes, por ambición y negligencia, han convertido los proyectos nacionales en escenarios de muerte.
Hoy, las familias lloran a sus seres queridos. Hoy, el país está de luto. Hoy el país exige justicia.
Como confiar en un gobierno que solo da escusas y no acepta responsabilidades sobre obras que solo y únicamente le corresponden a él. Usted contrataría un vuelo en la tan anunciada Mexicana de Aviación. Yo no.
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