¡No te voy a contestar! dijo Pancho Barrio al reportero
Conocí a Francisco Barrio Terrazas en mis primeros andares como reportero de Radio Universidad y de Mega Radio, a finales de aquel año 1994, cuando él avanzaba hacia la mitad de su mandato como gobernador de Chihuahua. Eran años intensos, marcados por el desgaste natural del poder y una creciente efervescencia política en el estado.
En 1995 ocurrió un giro inesperado: aunque Chihuahua había sido un bastión panista desde los años ochenta, el PRI obtuvo una victoria abrumadora en las elecciones de ese año y recuperó el control del Congreso del Estado, además de la mayoría de los 67 municipios. La nueva LVIII Legislatura (1995–1998) quedó dominada por el priismo, un hecho que modificó el equilibrio político y puso bajo mayor presión al gobierno de Barrio. Aquel vuelco electoral se sintió en todos los frentes: en la administración estatal, en la calle y, por supuesto, en las relaciones con la prensa. Por eso se afirmó durante mucho tiempo que Chihuahua era el laboratorio político del país, cuna de la alternancia en el poder político.
Barrio era un hombre reacio, bravo, frontal; podía ser cordial, sí, pero no aceptaba con facilidad que se le confrontara. Y nosotros, jóvenes reporteros, entendíamos que ese roce era parte del oficio. Lo recuerdo bien: a media mañana era tradición que los reporteros de la fuente nos congregamos en los pasillos de ese vetusto pero bello edificio donde se concentra el poder del estado, a esperar la pasarela de funcionarios estatales para entrevistas banqueteras. Y fue precisamente en las afueras del despacho del gober en el primer piso del Palacio de Gobierno donde Pancho Barrio nos atendió, bajo la mirada solemne de los murales de Don Aarón Piña Mora, siempre testigos de la historia política chihuahuense.
El tema del día era la nómina confidencial, aquella que Barrio había prometido eliminar y que, sin embargo, seguía viva y operando. Armado de la convicción que se tiene en los primeros años de ejercer como reportero, lo increpé directamente sobre la permanencia de esa nómina. Él detuvo el paso, me miró con dureza y respondió con una frase seca, definitiva:
—No te voy a contestar.
No dijo más. Y bastó. En ese instante comprendí que el poder —cualquiera que sea— siempre se incomoda ante las preguntas que escarban donde duele. Fue una lección que me acompañó desde entonces: preguntar es la función primordial del reportero aun cuando estas incomoden a quien ejerce el poder.
Hoy, al recordarlo tras su partida, regreso no solo al gobernador ni al político del Verano Caliente, sino al personaje complejo que marcó una época: firme, polémico, determinado, exigente consigo mismo y con quienes lo rodeaban. Un hombre, un ser humano que dejó huella en la vida pública de Chihuahua.
Descanse en paz, Francisco Javier Barrio Terrazas.
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