El democrático
Por Gabriel Piñón
Por ahí dicen los que saben que el transporte público es como la muerte: democrático, pues no hace distinción de raza, color o situación económica; ahí todos caben.
La ruta troncal del Bowi, antes llamado Vivebús por la administración del maltratado exgobernador César Duarte —a quien mi estimado y fino amigo Pirrín Méndez llamó alguna vez “César Man”, en la embajada de Parral en Chihuahua, el Pam Pam— el Vivebus es una obra que permanece en la geografía urbana de la capital del estado.
Dicen que las obras trascienden por dos aspectos principales: primero, porque son útiles y siguen siéndolo con el paso del tiempo; y segundo, porque perduran en la memoria de las personas. Y aunque tiene puntos de mejora, el sistema de transporte sirve —aunque un poco apretados los usuarios en horas pico—, sirve bien.
El otro día escuché a un niño de unos cuatro o cinco años referirse al Bowi como Vivebús; he ahí una forma de trascender con las obras.
Duarte se propuso e implementó este sistema en su administración y perdura, muy parecido al TransMilenio que circula por Bogotá, Colombia. El Bowi va y viene cumpliendo la misión de transportar a miles de chihuahuenses de sur a norte y de norte a sur. Un día llegó un político de pacotilla, cuyo nombre me recuerda al personaje que Esopo, en sus fábulas, denomina como vulpeja, y cambió el nombre a como hoy lo conocemos: “Bowi”.
Pero, sin perder el hilo de por qué es democrático el sistema de transporte público, basta con observar —al transportarme por ese medio— a personas de los más diversos estratos sociales y actividades laborales: lo mismo se sube el albañil que el herrero, el vendedor de dulces, el cantante urbano, el ama de casa, la costurera, el estudiante, la secretaria, los oficinistas, las empleadas domésticas, abuelitas, madres, hijos, nietos, viudos, etcétera, etcétera.
Así pues, hay una simbiosis que deja atrás prejuicios. La gente, en su mayoría, es respetuosa y sabe ceder el asiento, dar el paso, aun cuando los pasillos son angostos. El chihuahuense vive en armonía y respeto.
El Bowi es una expresión de lo que representa la democracia. Ojalá los políticos y gobernantes se subieran más seguido, y no nada más para grabar comerciales y tomarse fotos para promover su imagen. El transporte público es parte de la expresión del pueblo. También dicen los que saben que el nivel de calidad del transporte refleja el estado de bienestar de un pueblo, ahora que está tan de moda esa palabrita —bienestar—, pero que solo utilizan y repiten como merolicos los integrantes de la clase política. Es solo un eslogan que, si se aplicara a la realidad, serviría únicamente para denominar a los políticos de este país, porque son ellos quienes realmente viven el bienestar; el pueblo solo escucha, pero lejos está de disfrutar las mieles de esa trillada palabreja.
El Bowi es bueno, pero podría estar mejor. Quizá con más unidades en las horas pico se podría alcanzar un mejor nivel. Por lo pronto, doña Refugio le puso un 80 en una escala de 100, que no está mal, pero como lo señalé anteriormente, podría estar mejor. Creo que los chihuahuenses nos merecemos algo mejor.
El sistema de transporte público es, pues, como la muerte: así de democrático. No distingue raza, color ni profesión; todos suben y todos bajan en este mundo complejo que nos tocó vivir.
De los choferes mis respetos, siempre amables, cumpliendo con la responsabilidad de cuidar la integridad de sus pasajeros.

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