Ahora resulta que la policía fue víctima
Mar Roxo
Han sido bastantes los videos que documentaron el abuso policial realizado por los granaderos de la ciudad de México, en el Zócalo, el sábado pasado.
Pero son dos los que causan escozor. En el primero de ellos está un joven boca abajo, zaherido, derrotado, cuando levanta su cabeza solo para recibir una patada en pleno rostro
A ese ataque le siguieron cuando menos tres más de dos uniformados armados con tolete y escudo antimotines.
La cabeza del joven golpeado caía y se levantaba, de un lado a otro, apenas sostenida por su débil cuello. Tras los golpes quedó inerte a la mitad del Zócalo.
El segundo ataque igual de artero. Un señor de edad avanzada ondeaba una bandera de México, cuando una horda de granaderos avanzó hacía él y otras personas, que estaban a lo lejos observando los desmanes provocados por El Bloque Negro.
Seguramente entonaba el himno nacional o alguna otra arenga legitima y justa, en el marco de la marcha convocada por la Generación Z y El Sombrero de Carlos Manzo, pero que adquirió un matiz plural de catarsis en contra de un gobierno fallido.
Debieron respetar al señor, porque no estaba agrediendo, ni armado. Estaba de pie, con la bandera en alto, cuando recibió el primer empujón y golpe cobarde, alevoso.
No satisfechos con verlo caído, fueron ahí mismo, como salvajes, a golpearlo en el suelo, uno dos, o tres elementos policiales de la ciudad de México, la policía de Clara Brugada.
Con el pretexto de El Bloque Negro, ese grupo anárquico ajeno a la convocatoria, los granaderos -los que dijeron habían desaparecido desde López Obrador- arremetieron en contra de quienes realizaban una protesta pacífica.
Están plenamente identificados los elementos policiales que realizaron tales abusos; son los autores materiales de estas y otras arteras agresiones, pero no son los autores intelectuales.
En la azotea de palacio nacional estaban elementos estratégicos del ejército mexicano tomando video y fotos de la agresión. En esas imágenes y en las que circulan por redes sociales, tendrá la Fiscalía de la CdMx el material probatorio para fincarles responsabilidades.
Pero la principal culpa es de quien ordeno primero poner esas vallas; segundo, de quien ordeno colocar estructuras de cemento en las calles que rodeaban el Zócalo y que bloquearon calles, para evitar que la marcha llegara al corazón de México.
Tercero, de quien paga y mantiene en nómina a ese bloque negro, que saboteo la marcha, para provocar violencia y dar el pretexto perfecto para agredir, tratando de burlar la inteligencia ciudadana por lo burdo de la maniobra. Ahora resulta que los policías son víctimas.
Y cuarto, quien ordenó salir a los granaderos de detrás de las vallas, para acometer inmisericordes, orangutanes y abusones, contra todo lo que estuviera sobre la plancha del Zócalo.
Los autores intelectuales despachan en Palacio Nacional y en el gobierno de la Ciudad de México. Como decía López Obrador en su momento, ni modo que no estuvieran enteradas.
El presidente (a) se entera de todo. Eso dijo y parece que tiene razón.
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