Notas Principales

Carta de Gerardo Fernández Noroña a San Nicolás

San Nicolás:

Te escribo porque ya estuvo suave. Siempre andas repartiendo regalos a quien se porta bien, y no sé si te has dado cuenta —o te haces— pero yo trabajo más que todos tus duendes juntos. Así que este año, en lugar de carboncito, exijo, sí, exijo, mis presentes navideños.

Quiero un micrófono que no se apague nunca. Porque cada vez que empiezo a decir mis verdades, ¡zas!, se va el audio, se corta la transmisión, o los adversarios empiezan a toser para distraer. Ya basta de censuras disfrazadas de fallas técnicas. Dame un micrófono imbatible, antidemocrático, digo, democrático… tú entiendes.

Te pido un saco lleno de paciencia para aguantar a mis detractores. Porque uno viene con el corazón en la mano, con el verbo listo, con la indignación fresca… y salen con que “bájale, Noroña”. ¡Si supieran cuánto me esfuerzo por no subirle del todo! Dame paciencia navideña, pero que no sea tanta como para dejar pasar injusticias… o críticas.

Regálame un asiento fijo en todos los debates, mesas, foros y mañaneras.
Porque yo hablo de lo que sea, cuando sea y donde sea. Si tus renos tienen agenda, diles que me aparten lugar. No vaya a ser que llegue tarde y me gane alguien menos… expresivo.

Quiero un fuetito simbólico, para espantar la tibieza. No para usarlo —nomás faltaba—, sino para recordarle a mis colegas legisladores que hablar bajito no es virtud y que la resistencia no se hace en susurros. Que si la política es combate, ¡pues que suene el combate!

Dame la iluminación definitiva para distinguir entre mis enemigos reales y los que sólo necesitan un regaño público. Porque uno no puede andar perdiendo tiempo gritándole a quien no lo merece… o no lo merece tanto.

Quiero una arpilla de cebollas, pero de esas bien picosas, de las que hacen llorar a tres metros. Es que tú sabes cómo es esto: uno viaja a Medio Oriente, convive con compañeros de lucha, asiste a actos solemnes, y de pronto se requieren lágrimas… del tamaño adecuado para la ocasión. Nada exagerado, nada teatral, sólo lo necesario para que el momento sea histórico.

Y claro, una cebollita siempre ayuda a que el sentimiento fluya con dignidad revolucionaria.

Finalmente, te encargo que en esta navidad no les traigas nada a Calderón y a su hijo, tú sabes, son chicos malos, o si les traes que sea un buen malestar estomacal, nomás pa´que se acuerden del senador estrella y de la 4T.

Eso es todo por ahora. No olvides que soy un hombre austero, pero no tanto como para rechazar regalos útiles.

Con estruendo fraternal, tu camarada

Gerardo Fernández Noroña

Posdata:

Si me piensas mandar carbón, mándame bastante. Para aventárselo —políticamente— a quienes lo ameritan.

Nota del editor:

El presente texto es una recreación literaria elaborada por los editores. No corresponde a una carta real ni atribuible directamente al personaje mencionado. Su propósito es satírico y narrativo, y cualquier semejanza con declaraciones auténticas es únicamente un recurso estilístico.

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