Carta de Gustavo Díaz Ordaz a la Presidenta Claudia Sheinbaum
Sobre la represión del 15 de noviembre
A la C. Presidenta de los Estados Unidos Mexicanos, Claudia Sheinbaum Pardo
Presidenta:
Le escribo desde la memoria que usted dice repudiar, pero que la persigue más de lo que quisiera. No escribo para aconsejarle, ni para elogiarla, sino para advertirle que los actos de fuerza que hoy emprende contra la juventud se parecen demasiado a los que marcaron mi nombre para siempre.
Usted ha afirmado que “la mano dura” y “el porfirismo” no tienen cabida en su gobierno. Sin embargo, lo ocurrido el 15 de noviembre contradice cada palabra.
Yo envié al Ejército a una plaza creyendo que defendía al Estado. Usted envió granaderos contra jóvenes desarmados diciendo que defendía al orden.
La diferencia es mínima.
El error, idéntico.
Cuando el poder se siente acorralado, siempre se equivoca
En mis años de gobierno pensé que una protesta estudiantil podía desestabilizar a la Nación.
Con los años descubrí que lo que realmente la fractura no es la inconformidad juvenil, sino la soberbia del poder que se niega a escucharla.
Presidenta, cuando un gobierno criminaliza a los jóvenes, deja de ser un gobierno del pueblo para convertirse en un aparato que le teme al futuro.
La historia no absuelve a quien pone la fuerza por encima de la razón
Lo que pasó el 15 de noviembre no será olvidado. Los golpes, las detenciones arbitrarias, la persecución de quienes marcharon pacíficamente… Todo eso queda grabado en la memoria colectiva con un sello que ningún discurso podrá borrar.
Usted puede justificar la represión diciendo que actuó para mantener el “orden” o evitar “provocaciones”, igual que yo lo hice en su momento. Pero recuerde que los gobiernos no son juzgados por lo que dicen, sino por lo que hacen.
No es la violencia lo que debe perseguirla, sino su propio reflejo. Usted me ha llamado autoritario, tirano, represor. No seré yo quien la contradiga.
Pero si con su actuar empieza a caminar las mismas veredas que criticó, no será mi fantasma el que deba preocuparle, sino la condena del pueblo que afirma representar.
Las estatuas se derriban, los libros se reescriben, los discursos se olvidan. Lo único que permanece es la huella del miedo en quienes debieron ser escuchados.
Una advertencia que no pude darme a mí mismo
Presidenta, no subestime a los jóvenes. Son más terquos, más libres y más valientes de lo que ningún gobierno imagina. Y cuando sienten que el Estado les teme, no se repliegan: se multiplican.
La represión del 15 de noviembre puede parecerle un hecho menor. Pero así empiezan todas las grietas que terminan por tragarse a un gobierno entero.
La fuerza es siempre un fracaso disfrazado. Y quien recurre a ella no demuestra autoridad: demuestra miedo.
Desde el lado oscuro de la historia.
Atentamente,
Gustavo Díaz Ordaz
Nota editorial
El siguiente texto es una carta de interpretación histórica y literaria elaborada por la redacción. Su propósito es reflexionar, desde la voz simbólica de personajes fundamentales de México, sobre la actualidad política y social del país. No corresponde a documentos auténticos, sino a ejercicios de memoria crítica, análisis y creación periodística.

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