EE. UU. Oficializa su Salida de la OMS: Un Divorcio que Sacude la Salud Global
En un giro histórico que marca un antes y un después en la diplomacia sanitaria del siglo XXI, Estados Unidos ha formalizado su retiro definitivo de la Organización Mundial de la Salud (OMS) este mes de enero de 2026. La noticia, que se venía gestando tras meses de tensiones políticas y debates sobre la soberanía institucional, se materializó tras cumplirse el plazo legal de notificación, dejando al organismo internacional sin su principal soporte financiero y técnico. La administración estadounidense justificó esta ruptura alegando la necesidad de gestionar sus recursos de salud de manera independiente y criticando la falta de reformas estructurales dentro de la entidad con sede en Ginebra.
Esta decisión no solo implica el cese inmediato de las millonarias contribuciones anuales que Washington aportaba, sino que también desmantela décadas de colaboración estrecha en la vigilancia de patógenos y el desarrollo de protocolos globales. Durante el anuncio oficial, se enfatizó que los fondos antes destinados a la OMS serán redirigidos a programas de salud bilaterales, permitiendo a Estados Unidos elegir de manera directa con qué naciones colaborar bajo sus propios términos. Sin embargo, en el resto del mundo, la noticia ha sido recibida con profunda preocupación, ya que el vacío de liderazgo y financiamiento amenaza con desestabilizar programas críticos de vacunación y control de malaria en las regiones más vulnerables del planeta.
El director de la OMS, Tedros Adhanom Ghebreyesus, calificó la salida como un golpe a la solidaridad internacional, recordando que las amenazas biológicas modernas no respetan fronteras nacionales ni decisiones políticas. Mientras tanto, otras potencias como la Unión Europea y China evalúan cómo rellenar el hueco presupuestario y logístico que deja la potencia norteamericana. En este nuevo escenario, la comunidad científica teme que la fragmentación de la información epidemiológica dificulte la detección temprana de futuras amenazas sanitarias, dejando al mundo en una posición de mayor incertidumbre frente a posibles contingencias globales.

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