“El Año Viejo”, la canción que convirtió la nostalgia en celebración
“El Año Viejo”, ese himno infaltable en las celebraciones de fin de año en toda América Latina, tiene un origen tan humilde como poderoso. Su autor, Crescencio Salcedo, fue un cantautor colombiano de raíces indígenas cuya vida transcurrió lejos de los reflectores. Campesino, flautista y creador prolífico, Salcedo compuso Yo no olvido el año viejo con la sencillez certera de quien observa la vida cotidiana y la convierte en música que atraviesa generaciones.
La canción, nacida en la Colombia profunda, mezcla humor popular con una mirada agradecida al año que termina. Su letra —que enumera un burro, una yegua, una buena suegra y una negra buena gente como regalos improbables— revela la capacidad de Salcedo para convertir lo ordinario en motivo de celebración. Sin embargo, pese a ser el creador, el compositor vivió siempre en la precariedad, ajeno al éxito comercial que alcanzaría su obra.
La pieza se volvió verdaderamente universal en 1953, cuando el cantante mexicano Tony Camargo grabó su versión, dotándola de un sonido festivo y caribeño que cruzó fronteras y se instaló en el imaginario latinoamericano. Desde entonces, Año Viejo acompaña brindis, abrazos y despedidas cada 31 de diciembre, recordando que la alegría también puede ser un acto de memoria.
Así, la canción es mucho más que un tema navideño: es un testimonio cultural que une a la región en un mismo ritual de esperanza. Su historia, marcada por la desigualdad entre autor y popularizador, también plantea una reflexión sobre la justicia en la industria musical. Pero, por encima de todo, permanece como una obra luminosa que celebra la gratitud y el optimismo en tiempos de cierre y renacimiento.
El año viejo con Tony Camargo:

Comparte nuestras notas: