Espectáculo gélido: Las Cataratas del Niágara se «congelan» ante el vórtice polar de 2026
Aunque el flujo de agua no se detiene, las temperaturas de -30°C han creado una ilusión óptica que atrae al mundo, al tiempo que lanza una alerta sobre el cambio climático.
NUEVA YORK / ONTARIO. — Una postal digna de una película de fantasía ha cubierto la frontera entre Estados Unidos y Canadá esta semana. El intenso vórtice polar que azota a Norteamérica en este arranque de 2026 ha transformado las icónicas Cataratas del Niágara en un palacio de hielo, regalando imágenes que ya dan la vuelta al mundo.
Sin embargo, detrás de la belleza escénica se esconde una realidad física y climática compleja.
¿Realmente se detuvo el agua? A pesar de la apariencia estática que muestran las fotografías virales, las cataratas no están completamente congeladas. Expertos explican que el inmenso volumen de agua y la fuerza de la corriente impiden una solidificación total.
Lo que los turistas y las cámaras captan es una ilusión óptica provocada por tres factores clave:
El "Puente de Hielo": En la base del río Niágara se han acumulado enormes bloques de hielo que, al unirse, crean una capa sólida superficial.
La bruma que se levanta por la caída del agua se congela instantáneamente al entrar en contacto con árboles, barandales y rocas, cubriendo el paisaje circundante de un blanco impoluto, lo que da la apariencia de un río congelado.
En la superficie de la caída (especialmente en la Horseshoe Falls) se han formado carámbanos gigantes que ocultan el flujo de agua, el cual sigue corriendo con furia por debajo de la capa de hielo.
Si bien el fenómeno atrae a miles de curiosos, los especialistas advierten que este evento es un recordatorio visible de la inestabilidad climática. Las temperaturas extremas, con sensaciones térmicas que han rozado los -30°C en la región, son consecuencia de alteraciones en la corriente en chorro (Jet Stream), un patrón vinculado a las crisis ambientales modernas.
«Es un paisaje hermoso, casi como Narnia, pero también es una señal de inviernos cada vez más agresivos y repentinos», comentan observadores meteorológicos locales.
Las autoridades de los parques de Niágara mantienen abiertas las plataformas de observación, aunque recomiendan precaución extrema ante las superficies resbaladizas y el frío peligroso que acompaña a este majestuoso, pero helado, escenario natural.




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