La Navidad de la Generación Alpha (2013–2025): la primera Navidad 100% digital
La Generación Alpha es la primera en la historia de la humanidad que nace directamente dentro del ecosistema digital. Su mundo gira en torno a YouTube, TikTok, tablets, asistentes de voz, algoritmos, educación híbrida, videojuegos en línea, inteligencia artificial.
Para ellos, la Navidad no solo una fiesta es un la posibilidad de acceder a obsequios multimedia, que hiperestimulan su vida, son una generación visual e interactiva.
Son hijos de Millennials y hermanos menores de Gen Z, pero su relación con la tecnología es aún más íntima, inmediata y natural.
Mientras esta generación crece, México y el mundo viven el dominio absoluto del internet, la exposición a las pantallas desde los 2 o 3 años, uso masivo de asistentes como Alexa, Siri o Google.
Tienen una gran influencia por parte de plataformas infantiles como YouTube Kids, videojuegos como Roblox, Fortnite o Minecraft, compras digitales, educación remota durante la pandemia, y familias más pequeñas, más estresadas y más conectadas.
Los regalos de esta generación dan un salto definitivo a lo digital, siendo los más comunes iPads y tablets Android, Nintendo Switch y PS5 (según la edad), Relojes inteligentes para niños, Drones pequeños, Proyectores, audífonos y dispositivos Bluetooth, Tarjetas de Roblox, Fortnite, Google Play o Nintendo eShop, Suscripciones digitales, Códigos para skins o monedas virtuales, Laptops para clases.
Los anteriores obsequios han desplazado los juguetes físicos como peluches, muñecas, coches, Legos y figuras de acción, aun cuando se considera que dejaron de ser el centro emocional de la Navidad, existe algo en el interior de esta generación que conserva el interés por estos.
La Navidad en un hogar con niños Alpha se vive con luces LED controladas por voz, música navideña en Spotify, películas en streaming, fotos y videos para redes familiares, regalos comprados online, listas de Santa hechas con apps, árboles con iluminación inteligente, aunque en países como el nuestro se vive el contraste donde en millones de hogares se conserva la tradición con una cena sencilla, sin internet ni regalos ostentosos, siendo los regalos como en generaciones anteriores muñecas, pistas de carreras, juguetes de figuras de acción, e inclusive una bicicleta.
La dinámica familiar en muchos hogares de las zonas urbanas se realiza algo así como “juntos pero conectados”, los niños Alpha juegan en línea con amigos el 24 y el 25, ven videos mientras cenan, comparten los regalos en videollamadas, usan filtros navideños en TikTok Kids, y hablan de Santa Claus como si fuera un personaje del metaverso, aunque algunos se comienzan a cuestionar la existencia del mismo.
La familia sigue reuniéndose, existe la presencia pero también la ausencia al mismo tiempo, pero mediada por pantallas.
Los alimentos siguen siendo los de la casa mexicana pavo, lomo, romeritos, bacalao, ensalada de manzana y buñuelos, chocolate caliente, pero no faltan los celulares en la mesa, para la captura de selfies, videos y la fotografía del plato que la persona habrá de degustar.
Para la Generación Alpha la Navidad es una tradición que se celebra en familia, sin embargo muchas de ellas están distantes a vivir realmente el sentido que dio origen a esta festividad. Para ellos la navidad son regalos, ahora muy digitales.
Los rituales tradicionales como las posadas, pastorelas y nacimientos existen, pero no siempre despiertan interés, para ellos es un tanto ajena.
La Navidad contemporánea es un severo contraste emocional, mientras millones celebran la noche buena en familia, otras tantas la celebran en restaurantes o en centros vacacionales, pero también existe un alto número de personas en soledad, desde adultos mayores, personas separadas, niños y personas en situación de calle que pasan las noche sin compañía alguna.
Aunque esta Navidad haya sido más hiperestimulada que las anteriores, por el fascinante mundo de la tecnología, hay algo que aún brilla en el interior del ser humano, que es la capacidad de asombrarse, ilusionarse, de buscar compañía y cariño, pues al final de cuentas somos seres sociales, que nos reconocemos en la presencia del otro.
Y es ahí donde las generaciones mayores —abuelos, padres, maestros— tienen el reto de rescatar el corazón humano de la Navidad, para que no sea un simple espectáculo digital, sino un espacio de encuentro, familia y luz interior.

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