Notas Principales

Las casualidades de Claudia

No hay casualidades en política. Eso lo han sostenido los clásicos en usos y costumbres del manejo del poder, ayer y hoy.

Fue incluso caballito de batalla de Amlo -ese aserto- cuando generalizaba con explicaciones para evidenciar a sus enemigos políticos sin probar absolutamente nada, pero sembrando la duda.

Hacía lo que criticaba, mentía para tiznar en el ánimo del Prian y socavar a la oposición, de manera impune y con todo el poder del Estado.

Es imposible -en el sentido de no hay casualidades- desligar la visita de Claudia Sheinbaum a Washington, donde sostuvo breve encuentro con Donald Trump, con tres acontecimientos simultáneos.

Uno de ellos, terrible, fue el bombazo en Michoacán. Parece mensaje del crimen organizado a una presidenta que no atina a enfrentar el problema de la delincuencia.
Mientras ella se reúne en Washington con un tema amable, como es el futbol, en contexto de severas amenazas de Trump, le truenan explosivos en el convulso Michoacán.

Luego, viene la detención de César Duarte, que abona a la narrativa cuatroteísta de combate a la impunidad del pasado, porque de la presente no dicen nada.
EEUU obsequia a Sheinbaum modificación al acuerdo de extradición del gobernador -si es que es cierto, porque no hay prueba alguna- para imputarle el delito de lavado de dinero.

El tercer acontecimiento, tiene que ver también con esa embestida contra los prianistas chihuahuenses agricultores, con la amenaza trumpista de imponer aranceles si no se paga completo el adeudo del agua por el quinquenio vencido.
Pareciera que Sheinbaum fue a decir que si no hay pago es por el acaparamiento del agua por parte de los chihuahuenses.

Si en política no hay casualidades, estos tres acontecimientos sirven muy bien a la narrativa de Claudia Sheinbaum, para atizar el fuego en favor de afianzar sus posiciones.

Aún el bombazo le permite victimizarse, por eso con rapidez y horror, la FGR de Ernestina Godoy, salió a decir que no era terrorismo.

Lo que ellos nada más niegan de manera superficial -e irracional- y que a todas luces es evidente constituye el tipo penal de terrorismo internacional y nacional.

Es evidencia de que el crimen ha hecho rehén al Estado mexicano, confirmando el concepto de Estado fallido, narco Estado y otros epítetos políticos que le embonan a la perfección a la actual administración federal y local, como Sinaloa, Michoacán y otros.

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