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México, primer lugar mundial en consumo de bebidas azucaradas en 2025

Ciudad de México — México sigue liderando a nivel global en el consumo de bebidas azucaradas. Según la Secretaría de Salud, el país registra un consumo anual de 24 000 millones de litros de refrescos, lo que sitúa a los mexicanos en el primer lugar a escala mundial por volumen per cápita.


Este hábito no es inocuo: las autoridades sanitarias estiman que cerca de 100 000 muertes al año están asociadas a enfermedades derivadas del consumo de azúcares libres, como la diabetes y la hipertensión.

Un estudio coordinado por la científica Laura Lara Castor revela que un mexicano adulto consume en promedio 8.5 porciones de bebidas azucaradas por semana, el triple del promedio mundial de 2.6.
Esta ingesta excesiva tiene consecuencias directas para la salud pública: miles de nuevos casos de diabetes tipo 2 y enfermedades cardiovasculares en el país están vinculados directamente a estas bebidas.

Las bebidas con más azúcar no son una rareza. Según un reciente análisis de la Profeco, entre las presentaciones más azucaradas están marcas muy comunes: Coca-Cola (63–65 g de azúcar en una presentación de 600 ml), Pepsi (60–62 g), Manzanita Sol y Jarritos (ambas más de 58 gramos de azúcar).
Algunos estados encabezan el consumo con cifras dramáticas: en Chiapas se reporta un consumo per cápita de refresco de 821 litros al año, según datos del Conahcyt. La magnitud del consumo ha despertado alarmas entre especialistas por sus implicaciones en salud, especialmente en comunidades vulnerables.

Para frenar esta problemática, el gobierno federal propuso un aumento en el impuesto a las bebidas azucaradas para 2026: pasar de 1.64 a 3.08 pesos por litro, en un esfuerzo por desincentivar el consumo y destinar recursos a campañas de salud pública.

La elevada sed de azúcar en México no es solo un tema cultural: es una emergencia de salud pública. Mientras el país consuma más refresco que cualquier otro, la lucha contra la obesidad, la diabetes y las enfermedades asociadas seguirá siendo uno de los desafíos más urgentes del sistema sanitario.

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