Notas Principales

No soy de aquí, ni soy de allá

Por Gabriel Piñón

Estamos a punto de cerrar el año 2025, y me percato de que el tiempo, aun cuando se mide en los mismos sesenta segundos de cada minuto, los sesenta minutos de una hora y las 24 horas de cada día, pareciera transcurrir más rápidamente conforme mi cabello se cubre de esa nieve que llega con el invierno de la vida.

Extraño esos almanaques que mi madre colgaba en la pared, ver cómo cada día arrancaba una hoja en un otoño adelantado en el calendario. Eso es cierto: mi madre tenía cada día la oportunidad de adelantar el otoño por cada hoja caída. Observar cómo cada día se desvanecía al caer la oscuridad de la noche, en la cena servida sobre la enorme barra que atravesaba la cocina de mi hogar paterno. Hoy, esa brújula la hemos perdido; lo digital parece caminar más de prisa, acelerar el tiempo o bien hacernos perder la noción del valor de cada segundo de vida, que al final se consumirá en un minuto, una hora, un día.

El poeta canta y nos regala una reflexión en sus palabras y su música. Nos invita a pensar sobre la fragilidad de la vida y nos sitúa en la posición que nos corresponde. No soy de aquí, ni soy de allá, cita el inicio de esta pieza musical. Lo anterior nos lleva a reflexionar sobre esa falsa percepción que poseemos los humanos acerca de nuestra pertenencia a algún sitio, cuando en realidad solo estamos de paso por este mundo por algún tiempo. ¿Cuánto? No lo sabemos. Lo que sí es que, por muy acomodados que estemos en él, nuestro tiempo se terminará ante alguna circunstancia, agradable o desagradable.

Pensemos, pues, que la incertidumbre es la reina de la humanidad; se pasea a cada momento por los caminos que se entrecruzan. Creemos saber que mañana cumpliremos lo que hoy anotamos en la agenda, confiamos en que mañana despertaremos en nuestra rutina ordinaria.

Debemos detenernos a pensar si realmente estamos viviendo nuestra vida, si las cosas materiales que poseemos en verdad nos hacen felices; tener plena conciencia de que estas no nos pertenecen y se habrán de quedar en este mundo terrenal. No nos acompañarán. Nada te llevarás cuando te marches, cuando se acerque el día de tu final, cita otra sabia pieza musical.

Hoy todos vivimos de prisa y corremos por comprar esos regalos que queremos obsequiar, la mayoría de las veces, como muestra de aprecio y cariño; sin embargo, todo se reduce a bienes y objetos materiales. ¿Por qué no regalar paz, armonía, una sonrisa, o bien un abrazo, una agradable y sana compañía, alejada de los excesos? Hoy todos van de prisa: se arrebatan los bienes en las tiendas, se conduce con urgencia por llegar al destino y, en el camino, se agrede y se maldice sin respeto a quien se atraviesa en la ruta. ¿Por qué no regalar un pase usted con una señal adecuada y respetuosa? ¿Por qué no regalar a nuestra ciudad el simple acto de detenernos y respetar una señal de tránsito? ¿Un consumo moderado de bebidas en nuestras celebraciones? ¿Por qué o para qué embriagarse hasta perder el sentido y poner en riesgo esta, de por sí corta, existencia nuestra y la de los demás? ¿Por qué alimentar el hambre insaciable de la teoría del caos con nuestras malas actitudes y actos?

Dejemos de comprar obsequios materiales y llenemos nuestros vacíos con aquello que no se compra, pero que, cuando se brinda, se multiplica: el amor, la caridad, la paciencia, la armonía y, por qué no, ser una buena y extraordinaria compañía.

La humanidad ha perdido el sentido del valor y a todo le ha puesto precio. Hoy, prácticamente todo se puede comprar.

Finalmente, quiero cerrar con otra frase de una extraordinaria pieza musical de un gran cantautor, Charles Aznavour, que a la letra dice: “Cuando tome en solitario el camino hacia Dios, y se cierre el calendario que Él me dio, he de hacer el inventario de mi vida por aquí, y le diré, si es necesario, que viví”.

Disfrutemos de estas fiestas y hagamos que cada día sea el mejor día de nuestra vida, porque todos, sin excepción, estamos llamados a ser nuestra mejor versión. Vivamos este tiempo del cual disponemos al despertar cada día y hagamos de este mundo un mejor espacio para todos.

Felices fiestas.

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