Recobrar el sentido de la mexicanidad, una tarea urgente
Por Gabriel Piñón
Ayer, después de muchos años, tuve la oportunidad de reencontrarme de manera cercana con quienes forman parte del Ejército y las Fuerzas Armadas Mexicanas. La visita al 23/o Batallón de Infantería, en el marco de un encuentro periodístico convocado por la Quinta Zona Militar, fue más que un ejercicio informativo: fue un recordatorio de que el espíritu de mexicanidad sigue vivo y que las Fuerzas Armadas continúan siendo una institución vigente en la vida nacional.
Escuchar hablar de la importancia de fortalecer el vínculo entre el Ejército y la población civil resulta, en medio de tanta desconfianza y fractura social, una luz en el camino. Hoy, cuando nuestros niños y jóvenes parecen cada vez más alejados de las expresiones que nos llevan a sentir un amor profundo por la patria, ese mensaje cobra un valor especial. Vivimos una época en la que gran parte de la niñez y la juventud se encuentra atrapada en las tecnologías digitales, permaneciendo horas dentro de pantallas que les muestran un mundo reducido, ajeno muchas veces a la realidad que habitan.
Este reencuentro removió también recuerdos. Vuelvo a esos días en los que agrupaciones como Rescate Juvenil Deportivo celebraban febrero como “el mes de la patria: ámala y respétala”. Éramos jóvenes que salíamos a las calles a pegar enormes engomados blancos en los autos, a invitar a estudiantes de secundaria y preparatoria a sumarse a las filas de la agrupación, a creer que sí era posible sembrar amor por México desde la acción.
Recuerdo decenas de jóvenes con pantalones rotos y playeras decoloridas —eso poco importaba— porque el espíritu era grande y fuerte. Ahí estábamos, formados sin distingo de clase social, unidos por un ideal común: una patria grande, fuerte y libre. Y nos atrevíamos a gritar, con el pecho inflamado de orgullo: “¡Por la patria: la vida!”. No eran fanfarronerías ni consignas lanzadas al aire para luego retirarse. Fueron semanas, meses, años de gastar tenis y botas, de recorrer colonias sin importar la distancia, de reclutar jóvenes con convicción.
Con profundo orgullo celebrábamos cada fin de semana estar ahí, en el legendario Parque Revolución, que nos vio correr, crecer y aprender a sentirnos orgullosos de ser mexicanos.
Hoy celebro también este momento en que el Ejército da inicio a las actividades conmemorativas del 19 de febrero, Día del Ejército Mexicano. Las Fuerzas Armadas siguen siendo, pese a todo, una de las expresiones más auténticas de la mexicanidad. Recordarlo no es un acto de nostalgia: es una invitación urgente a recuperar valores, identidad y sentido de pertenencia.
Enhorabuena.

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