Notas Principales

Servicios funerarios del Bienestar: cuando un gobierno presume atender la miseria que él mismo profundiza

El Gobierno de México anunció, con tono triunfalista, que a través del SNDIF ofrecerá Servicios funerarios del Bienestar para personas en situación de vulnerabilidad. Y aunque lo presenten como un logro social, el simple hecho de que el Estado tenga que ofrecer funerales gratuitos debería ponernos frente al espejo de una realidad más cruda: México se empobrece a tal grado que hasta morir se volvió un problema económico.

No es un acto de justicia social. Es la confirmación de un país donde los salarios no alcanzan ni para vivir, ni para morir. Y aun así, este gobierno intenta capitalizar políticamente un programa que no resuelve nada de fondo, pero que sí exhibe el tamaño del abandono institucional.

Los servicios que se ofrecen —preparación del cuerpo, traslados, velación y trámites de inhumación o cremación— suenan generosos, pero en realidad son apenas un paliativo. El Estado no cubre fosa, nicho, vestimenta ni repatriaciones. Nada que implique mayores costos. Es decir: te ayudan… pero solo hasta donde la foto de la conferencia de prensa lo permite.

El colmo es que, incluso para acceder a ese apoyo limitado, las familias deben demostrar su miseria con estudios socioeconómicos, certificados, carpetas de investigación y una lista de documentos que terminan por humillar a quienes ya viven en el margen. El mensaje implícito es brutal: si quieres morir con dignidad, primero compruébanos que eres lo suficientemente pobre.

Esto no es un avance, es una señal de alarma. Un país que presume funerales gratuitos mientras presume también “crecimiento económico” es un país que vive en la contradicción permanente. La austeridad mal entendida, la precarización laboral, los salarios mínimos maquillados y la inflación que devora a las familias han creado un escenario donde hasta el último adiós depende de la benevolencia del gobierno.

Los Servicios funerarios del Bienestar no son un logro: son un síntoma. Y uno grave. Revelan que la desigualdad sigue creciendo, que la pobreza se normaliza y que la respuesta del gobierno no es elevar la calidad de vida, sino administrar la muerte.

Porque cuando el Estado empieza a pagar funerales, es porque antes dejó de garantizar condiciones dignas para vivir.

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