Notas Principales

PISA: el examen que también deberíamos contestar los adultos

Por: La observadora incómoda

Hay resultados que deberían provocar algo más que una noticia de un día.
Los resultados de PISA volvieron a poner sobre la mesa una realidad que a los mexicanos debería de incomodarnos: una parte importante de nuestros niños y adolescentes tiene dificultades para comprender textos, resolver problemas matemáticos y aplicar conocimientos científicos a situaciones de la vida cotidiana.

Y ahí comienza lo que todos conocemos como buscar culpables: unos culpan a los maestros, otros a los padres, otros al gobierno, otros a los propios niños y jóvenes, inclusive al uso de pantallas en dispositivos móviles.

Quizá estamos haciendo la pregunta equivocada. ¿PISA evalúa exclusivamente a los estudiantes?
Debemos partir que un adolescente que no comprende lo que lee no llegó solo hasta ahí.
Detrás de él existe una familia, una escuela, un sistema educativo, una comunidad y una sociedad que, de alguna manera, participaron en esa historia.

Y Chihuahua no está fuera de esta conversación.

Nuestro estado participó en la aplicación de PISA 2025 con estudiantes de escuelas seleccionadas. Pero sería incorrecto hablar de “la calificación de Chihuahua”, porque la prueba no está diseñada para ofrecer un resultado representativo por entidad federativa.

Lo que sí podemos hacer es mirar hacia nuestras propias aulas.

Preguntarnos qué está ocurriendo cuando un estudiante puede repetir una definición, pero no explicar con sus propias palabras lo que significa.

Cuando puede resolver un ejercicio porque memorizó el procedimiento, pero se bloquea cuando el problema cambia.

Cuando puede leer varias páginas, pero tiene dificultades para identificar la idea principal.

Cuando tiene un teléfono lleno de información, pero no necesariamente las herramientas para distinguir información de conocimiento.

Ahí está el verdadero desafío.

No necesitamos solamente jóvenes que sepan contestar exámenes. Necesitamos jóvenes que sepan contestar los dilemas que la vida les presentará.

Que puedan leer un contrato antes de firmarlo.

Entender un crédito antes de endeudarse.

Interpretar una gráfica antes de creer una estadística.

Cuestionar una noticia antes de compartirla.

Argumentar una idea sin convertir la diferencia en una pelea.

Y tomar decisiones aunque nadie les haya dado cuatro opciones para elegir.

Tal vez por eso los resultados de PISA deberían dejar de utilizarse únicamente para repartir culpas.
También deberían servir para preguntarnos qué estamos enseñando, cómo lo estamos enseñando y, sobre todo, para qué estamos educando.

Porque tampoco sería justo colocar toda la responsabilidad sobre los maestros.

Un docente puede abrir una puerta, despertar una inquietud y cambiar una vida. Pero no puede resolver por sí solo las desigualdades sociales, los problemas familiares, la falta de recursos, el abandono escolar o todas las circunstancias que afectan el aprendizaje.

La educación nunca ha sido solamente un asunto de pizarrón. Es un tema de toda la sociedad en su conjunto.

Y debemos preguntarnos…

Qué tan interesados estamos realmente en que nuestros jóvenes piensen por sí mismos?

Formar personas críticas es mucho más difícil que formar personas obedientes. En el sistema actual aceptamos escuchar a un joven que realiza preguntas incomodas, y que cuestiona.

Qué trato damos a uno que pide argumentos en lugar de aceptar respuestas y que puede convertirse en un problema para cualquiera que prefiera el silencio. Será que ahí comienza la educación verdadera.

No cuando el estudiante aprende a repetir.

Sino cuando aprende a preguntar.

Por eso PISA debería ser menos una sentencia y más una oportunidad para mirarnos al espejo. Los resultados pertenecen a los estudiantes.

Pero la responsabilidad de preguntarnos qué estamos haciendo con su educación que pertenece a todos.

Y quizá el examen más importante no sea el que presentó un adolescente de 15 años. Es el que respondemos los adultos todos los días.

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