Entre el ébola y el gol, están decidiendo por el gol
Por Gabriel Piñon
La Organización Mundial de la Salud lo dijo sin anestesia: “La epidemia nos está superando”. Hay 220 muertes sospechosas de ébola en el Congo, 867 casos bajo la lupa y un virus circulando sin freno desde hace dos meses. El brote, declarado emergencia de salud pública de importancia internacional, ya brincó a Uganda y puso a África Central en “riesgo muy alto”. La cepa es Bundibugyo. No hay vacuna. No hay tratamiento.
Con ese panorama, uno esperaría que el mundo cerrara filas. Pero no. En 15 días arranca el Mundial 2026. Y entre contener una epidemia y no tirarle el negocio a la FIFA, ya sabemos qué pesó más.
México, sede del partido Congo vs Colombia el 23 de junio en Guadalajara, dice que está “preparado y vigilante”. El secretario de Salud, David Kershenobich, emitió una alerta de viaje para no ir al Congo o Uganda, y pidió a quienes hayan estado ahí en los últimos 21 días que “reprogramen sus vuelos”. Pero no prohibió la entrada. No cerró fronteras. Puso filtros. Estados Unidos, el otro anfitrión, sí suspendió 30 días el ingreso de no ciudadanos que hayan pisado RDC, Uganda o Sudán del Sur. Dos anfitriones, dos varas.
La OMS, mientras tanto, juega a la contradicción. Declara emergencia global pero recomienda no restringir viajes ni comercio. ¿La razón? “El riesgo de transmisión en un viaje es pequeño” y “el ébola no se propaga por el aire”. Cierto. Pero también es cierto que el virus estuvo semanas sin detectarse en el Congo y ya van 18 sospechosos que huyeron de un hospital tras un ataque en Ituri. El mismo manual de 2014: “riesgo bajo” hasta que deja de serlo.
Y aquí viene el déjà vu que nos pone los pelos de punta: el periodo de incubación del ébola es de hasta 21 días. El Mundial termina el 19 de julio. Si un infectado asintomático llega a Guadalajara, ve el partido, se sube al avión y desarrolla síntomas el 10 de julio, ¿qué nos van a decir? Ya vimos la película en 2020. Primero fue “no pasa nada”, luego “quédense en casa”.
El Dr. Oliver Johnson, del King’s College de Londres, asegura que el riesgo para un aficionado es “muy bajo”. Pero el riesgo político de que se cuele un caso en pleno Mundial es gigantesco. Por eso EE.UU. se cubre. Por eso México no, porque el torneo deja 14 mil millones de dólares y 5 millones de turistas. La vigilancia epidemiológica suena bien en conferencia de prensa. En la práctica, es apostar a que nadie tosa sangre en el Estadio Akron.
Nos dicen que no hay que caer en pánico, que cerrar fronteras no sirvió en 2014. Puede ser. Pero tampoco sirve declarar “emergencia global” y actuar como si fuera gripa. Entre la salud de millones y el espectáculo de 90 minutos, la elección ya está tomada.
Solo que no nos sorprenda si, unos días después de la final, nos salen con que llegó un caso importado. Para entonces ya cobraron los boletos. Y a nosotros nos tocará pagar la cuenta, otra vez, encerrados.
Entre el ébola y el gol, están eligiendo el gol.
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