Olinia: El auto “mexicano” con alma China
Hace apenas unos cuantos días la presidenta Claudia Sheinbaum presentó oficialmente el prototipo de Olinia en México. No fue solo una maqueta, la mandataria se subió, lo manejó frente a cámaras y aseguró que el primer vehículo semiurbano 100% eléctrico de la marca ya está rodando. El evento buscó mostrar que el proyecto va en serio y que la producción arrancará en el verano de 2027, con ventas al público desde 150,000 pesos según el equipamiento.
Olinia, que en náhuatl significa “moverse”, se presenta como la primera armadora mexicana de mini vehículos eléctricos. El gobierno coordina el desarrollo desde Secihti con el IPN, el TecNM y más de 80 académicos que trabajaron meses en Puebla. La promesa: 50% de componentes nacionales, tres versiones para movilidad personal, de barrio y de última milla, y velocidad de 45 a 50 km/h.
El contraste está en la ingeniería. En la misma presentación, Sheinbaum reconoció que será una “sociedad mixta” con transferencia tecnológica de China, EU, India y Alemana.
Documentos de la Plataforma Nacional de Transparencia revelan que el doctor Julio César Solano Vargas, del equipo del tren de potencia, viajó a China en diciembre de 2025 como intermediario técnico con las empresas Dayang y Henrey. Su tarea: definir el diseño final del motor eléctrico, sistema de carga, embrague y transmisión. Ambas son fabricantes chinos de minivehículos y triciclos de batería.
Esa dependencia explica por qué varios analistas comparan el modelo de Olinia con la forma en que China impulsó a BYD y otras marcas. Estado como motor inicial, costos bajos y tecnología integrada desde afuera para escalar rápido.
Bloomberg incluso lo dice directo: el plan de Olinia se asemeja a la estrategia china que hizo progresar su industria de VE. La referencia a Alibaba viene más por la lógica que por el diseño: plataforma apoyada por el gobierno que integra tecnología extranjera al inicio y después busca capital privado. Olinia ya pide 200 millones de dólares a inversionistas.
Las dudas no desaparecen aunque el prototipo ya ruede. La batería de litio representa 40% del costo y México aún no la produce a escala. El precio inicial de 90 mil pesos ya se ajustó a 150-200 mil antes de fabricarse. Y el antecedente de empresas estatales como Mexicana de Aviación o Dina mantiene el escepticismo sobre si el gobierno puede operar una armadora.
Con la presidenta al volante, Olinia dejó de ser render para convertirse en prototipo real. Ahora el reto es que ese “moverse” no dependa todo el tiempo de un motor pensado en China. Y más aún que cumpla con las Normas Oficiales y no tengan que fabricarle una especial para que pueda “moverse” por los barrios y colonias de México.
Olinia para los simpatizantes del actual gobierno de la 4T es motivo de orgullo y defienden el proyecto a capa y espada, ese no es el punto, el punto es que el gobierno debe conducirse con verdad, es o no un proyecto producto de la ingeniería 100 por ciento mexicana y que tan lejos ésta México de llegar al nivel de fabricar sus propias líneas de automóviles. Ya Nicolás Maduro presento siendo presidente de Venezuela un prototipo muy parecido al mexicano, sin embargo en eso quedo solamente. Se estará alimentando un falso nacionalismo, y que tan lejos estamos quedando del lema “Lo hecho en México, bien hecho esta”.


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