Notas Principales

Una marcha de más de 8 mil, discursos y rostros que reclaman dignidad y soberanía

Por Gabriel Piñón

Las banderas de México ondearon con el viento que parecía propicio para enarbolar la soberanía nacional.

Miles llegaron de diversas partes del estado, y de algunas otras partes del país, marcharon y gritaron consignas en contra de la gobernadora, rodearon un par de zanjas abiertas por la Junta de Aguas. Las banderas nacionales siguieron ondeando.

Cuatro discursos, uno: el de la dirigente estatal de Morena, dos: un joven barbado oriundo de Ciudad Juárez, tres: una representante indígena, cuatro: la dirigente nacional de Morena. Los nombres de poco importan de los personajes en el templete.

Dos rostros acapararon la atención del reportero mientras los asistentes se unían en una catarsis colectiva buscando un culpable. Fueron dos niñas indígenas las que delataron y desnudaron el discurso, su lugar, un costado del pódium entre una diputada local y el líder de los diputados en el Congreso del Estado- nombres no mencionare- sus miradas distantes ante discursos incomprensibles, una portando la bandera de México en sus manos, la otra cargando su bebé en un rebozo, en su otra mano una botella con agua. Sus miradas dejaban sin efecto el discurso, mirada lejanas, heridas, golpeadas, usadas.

Mientras, la gente coreaba consignas, la presencia de algunas personas asistentes contrastaban con la presencia de las dos niñas indígenas ubicadas en el estrado al lucir prendas de vestir, sombreros y texanas de marca que solo dejaron al descubierto que existen dos mundos. La realidad solo dejaba al descubierto que en política hay personas que pueden ser usadas como piezas de utilería, invisibles ante el poder, un poder que las utiliza y las desecha.

Sin embargo, un gesto destacó en el acto, la senadora con licencia distrajo su posición para encaminarse y ofrecer un suero a la joven madre que en no muy buenas condiciones busco un espacio para descansar de su fatiga.

La marcha dejo en claro que en México predomina un poder que exige soberanía, pero que olvida que la soberanía reside en la dignidad del pueblo. No hay peor atentado contra la soberanía que el abuso de la dignidad de las personas. Hoy solo quedan marcados esos rostros en la imagen. Dos niñas que dejaron sin efecto la movilización de miles de personas este día en la capital del estado de Chihuahua.

Termino el acto, los políticos se fueron de prisa dejándolas atrás, ellas bajaron del templete, se unieron a los suyos y se perdieron entre la multitud. Solamente quedaron en la imagen.

Fotografía: Gabriel Piñón

Fotografía: Gabriel Piñón

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