Resident Evil – Tutorial para No Morir en el Intento
Por Ricardo Monge
Dirigida por Zach Cregger y escrita junto a Shay Hatten, la entrega cinematográfica de Resident Evil (2026) toma una ruta diferente a las adaptaciones previas. En lugar de centrarse en héroes hiperentrenados que parecen inmunes al pánico, la cinta pone en el centro a Bryan (Austin Abrams), ofreciendo una experiencia que se siente refrescante y visceral.
La interpretación de Austin Abrams personifica a la perfección a quien toma el control de un videojuego de survival horror por primera vez:
Bryan comete el clásico error de novato: guardar objetos inútiles en sus bolsillos mientras deja atrás munición vital en medio de la prisa. La cámara enfoca su desesperación mientras busca espacio para una llave mientras tiene las manos ocupadas, una secuencia que refleja la frustración del menú de carga.
Durante los primeros momentos de tensión, el protagonista reacciona a la menor amenaza usando recursos de curación valiosos a la primera raspadura, quedándose en números rojos justo antes de las peleas importantes.
En lugar de mantener la calma y apuntar a la cabeza, las primeras reacciones de Bryan consisten en vaciar el cargador contra las paredes, tropezar con la escenografía y dudar frente a puertas que requieren acertijos absurdos para abrirse.
El director logra traducir la tensión mecánica del videojuego a la narrativa visual. La cámara acompaña a Bryan con encuadres estrechos sobre el hombro que imitan la perspectiva en tercera persona moderna. Cada pasillo estrecho transmite la sensación de no saber qué hay a la vuelta de la esquina y el miedo constante a gastar la última bala.
La cinta destaca por no presentar a un héroe infalible. Al mostrar a un protagonista que comete los mismos tropiezos, pánicos y errores de cálculo que cualquier jugador en su primera partida, la película convierte la torpeza novata en un motor de suspenso efectivo y entretenido.

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