Notas Principales

El manual de la negación: niégalo, que el sistema te protegerá y, aún más, te absolverá

Por: Gabriel Piñón

En la política contemporánea se ha acuñado una máxima perversa pero sumamente efectiva: en caso de conflicto, niégalo todo. Hoy en día, aunque a un político lo atrapen «con las manos en la masa» y exista evidencia irrefutable en audio o video, la estrategia de supervivencia dicta que admitir la culpa es un suicidio político, mientras que negarlo con descaro es la llave maestra para que el sistema te absuelva de toda responsabilidad.

El sociólogo Stanley Cohen, en su magistral obra Estados de Negación, diseccionó a la perfección este fenómeno. Cohen explica que, cuando los gobiernos y las figuras de poder se ven acorralados por sus propios actos, recurren a tres fases de negación sistemática. La primera es la negación literal: afirmar de entrada que «eso no sucedió». Cuando la evidencia es aplastante y la mentira se vuelve insostenible, pasan a la negación interpretativa: «sí sucedió, pero no es lo que ustedes piensan». Finalmente, coronan el cinismo con la negación implicatoria: «sí sucedió, pero está justificado».

En México, el gobierno actual ha convertido la teoría de Cohen en su manual de operaciones diario. El caso más emblemático y grotesco de esta negación interpretativa lo protagonizó Pío López Obrador, hermano del expresidente. Cuando el país entero lo vio en video recibiendo fajos de dinero en efectivo dentro de sobres amarillos, la maquinaria oficial intentó minimizarlo. Al darse cuenta de que la imagen era innegable, recurrieron al cinismo puro: aceptaron el hecho, pero le cambiaron el nombre. Ya no era un soborno ni corrupción, eran simples «aportaciones para el movimiento».

El clímax de esta burla llegó cuando el tribunal electoral, de clara filiación oficialista, lo absolvió de toda culpa. El sistema, diseñado para proteger a los suyos, premió la negación. A tal grado llega el nivel de cinismo, que hoy este mismo individuo busca tranquilamente una diputación federal por Tabasco. Niégalo, justifícalo, y el sistema te hará candidato.

Esta misma sinvergüenzada se repite con cada político que es captado por una cámara, como lo presenciamos en estas últimas semanas con la expresidenta del INE, Guadalupe Taddei. A pesar de que salieron a la luz los indignantes videos donde aparece su hijo con el contratista favorito del INE en París brindando con champaña con la inolvidable frase “París a tus pies, chamaquito”, y que además se expusieron los jugosos contratos millonarios otorgados a su pareja sentimental, su respuesta fue atrincherarse en la negación. Finalmente Taddei renunció; sin embargo, la sanción aún está por verse, aunque todo apunta a que no pondrá un pie en la cárcel ni ella ni ninguno de los involucrados.

Aun como dicta el dicho popular, si tienes los «pelos de la burra en la mano», es imposible negarlo. Pero Taddei lo hizo. En lugar de rendir cuentas por el peso de su cargo y renunciar, alegó ser víctima de un «linchamiento político» y se escudó en un falso discurso de misoginia avalado desde el atril presidencial. La clave de esta clase dirigente es mirar a los ciudadanos a los ojos, pedirles que rechacen la evidencia de lo que están viendo, y esperar a que las instituciones a modo firmen la absolución. El actor de esta semana es el diputado Sergio González Luna, representante de Morena ante el Consejo General del INE, a quien se le acusa de ser el artífice de una red de “moches” o “diezmos” de entre el 10% y 20% del sueldo quincenal o mensual, exigidos a trabajadores del Órgano de Control del instituto electoral. Esta información fue revelada en un reportaje de la periodista Aurora Zepeda, del periódico Excélsior.

Y usted, ¿qué cree que sucedió? González Luna ya salió a señalar la falsedad de las acusaciones y amenazó con demandar por daño moral a quienes han difamado su persona. La negación se hace presente de nueva cuenta, llevando a la victimización de los presuntos responsables. ¿Dónde acabará el caso González Luna? Muy seguramente, en la absolución.

Hoy, 3 de noviembre, como resurgido de la ultratumba macuspana, salió Andy López Beltrán, el hijo de Andrés Manuel López Obrador, para negar sus vínculos con su amigo y socio Amílcar Olán. “Es falso que tengamos relaciones de complicidad, seamos socios, prestanombres o que trafiquemos con influencias para beneficiarnos —incluyendo a su hermano Gonzalo López Beltrán—; nunca jamás han podido presentar una sola prueba, todo es nada más tirarnos lodo”, señala López Beltrán en un tono ofendido. Sin embargo, los mexicanos hemos escuchado cantidad de audios que han evidenciado la participación de quien ocupó la secretaría general de Morena hasta hace unos meses, de donde salió en búsqueda de una diputación federal por su estado para obtener el fuero constitucional. Otra vez se aplica la máxima: niégalo cuantas veces sea necesario y rásgate las vestiduras como toda una víctima.

Un apunte final. Usted, amable lector, se preguntará por qué este breve artículo aborda casos exclusivamente de Morena. La realidad es que, debido a su presencia avasalladora en los tres poderes de gobierno, en órganos como el INE, y en más de una veintena de gubernaturas, los casos quedan expuestos de manera notable, ya que cada día amanecemos con un asunto más grave que el anterior. Como luego dicen, echan a volar «la caja china» para que el boquete del día cubra el del día anterior. Estaremos abordando casos de algunas otras fuerzas políticas del país, no tenga duda alguna.

Así es México. Usted, ¿qué opina?

Adrián Gabriel Piñón Olivas es Profesor de Tiempo Completo de la Universidad Autónoma de Chihuahua. Cuenta con estudios de diplomado y licenciatura en periodismo por la UACH, y es Maestro en Educación con Mención Honorífica por la Universidad Pedagógica Nacional Campus Chihuahua. Con una trayectoria de 32 años, se ha desempeñado como jefe de prensa y comunicador social, reportero de prensa escrita, radio y medios digitales, fotógrafo de prensa, y conductor de programas de radio y multimedia. Es también guionista de radio y creador de materiales audiovisuales institucionales.

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