Notas Principales

Sheinbaum, el Ministerio de la Verdad y Periodismo

Por Gabriel Piñón

George Orwell imaginó en 1984 un gobierno capaz de controlar algo más poderoso que los ejércitos: la verdad. En aquella distopía, el Ministerio de la Verdad no existía para informar a los ciudadanos, sino para decidir qué podían conocer, qué debían olvidar y qué versión de la realidad convenía al poder.

Todo aquel que aprecie un poco las contribuciones de la democracia a la vida de los pueblos debe leer con atención la advertencia que Orwell realiza en su obra.

La reforma sobre los derechos de las audiencias ha abierto un debate que va mucho más allá de los medios de comunicación. Lo que está en juego no es únicamente la regulación de contenidos, sino el delicado equilibrio entre la libertad de expresión y la intervención del Estado en el flujo de la información.

El periodismo no surge para ser un instrumento del gobierno. Su misión consiste precisamente en observar al poder, cuestionarlo y, cuando sea necesario, exhibir sus errores. Esa es la razón de existir de los géneros de opinión. Un editorial no pretende imponer una verdad absoluta; ofrece una interpretación de los hechos sustentada en argumentos. Una columna no dicta sentencias; invita al debate. La crítica periodística no es un exceso democrático, sino una de sus principales garantías.

Por ello, cuando el Estado pretende ampliar su capacidad para intervenir en los contenidos informativos, la pregunta obligada no es qué gobierno impulsa la reforma, sino qué gobierno podría utilizar esas facultades en el futuro.

Ahora, un asunto que la presidente de este país no ha comprendido es que la libertad de expresión es un derecho humano, más allá de legislaciones y censuras, es decir el día que se regule la libertad de expresión, dejara de serlo.

En México hoy más que nunca se corre el riesgo que pase lo que en Cuba, Nicaragua y Venezuela.

La libertad de Expresión es algo inherente al ser humano, no está en negociación, tanto así que la misma declaración Universal de los Derechos Humanos en su Artículo 19 cita textualmente:

«Todo individuo tiene derecho a la libertad de opinión y de expresión; este derecho incluye el de no ser molestado a causa de sus opiniones, el de investigar y recibir informaciones y opiniones, y el de difundirlas, sin limitación de fronteras, por cualquier medio de expresión.»

La historia demuestra que las libertades rara vez desaparecen de manera abrupta.

Generalmente se limitan paso a paso, mediante normas que parecen razonables y que, con el tiempo, pueden convertirse en herramientas para desalentar el disenso o ejercer presión sobre quienes piensan distinto. Sheinbaum ya lo afirmó “Si quisiéramos censurar ya lo hubiéramos hecho”.

Una democracia fuerte necesita medios responsables, pero también gobiernos capaces de soportar la crítica. El poder público no debe convertirse en el árbitro de lo que puede decirse, opinarse o cuestionarse. Esa función corresponde a una sociedad libre, plural e informada.

Orwell escribió una novela, no un manual de gobierno. Su advertencia no era contra una ideología específica, sino contra la tentación permanente del poder de administrar la verdad.

México debe discutir con seriedad cualquier reforma que pueda incidir en la libertad de expresión.

El gobierno actual se siente incómodo con las preguntas, por eso ha tomado el siguiente paso, que es intentar regularlas. Y lo que nos preocupa como periodistas es que cuando la verdad necesita un ministerio para existir, deja de ser verdad para convertirse en una versión absoluta del poder en turno.

El verdadero derecho de las audiencias no consiste en escuchar únicamente la voz del poder, sino en tener acceso a todas las voces, especialmente a aquellas que se atreven a cuestionarlo.

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