Entre el dolor y la burocracia: El viacrucis de Doña Leonor en el Hospital Morelos del IMSS
• Una caída, una fractura de cadera y fémur, y seis días de espera para la cirugía marcaron el inicio de una pesadilla hospitalaria.
• Falta de coordinación entre especialidades, ayunos prolongados de más de 24 horas y una transfusión fallida que derivó en hemólisis exponen las grietas del sistema de salud en Chihuahua.
Por Gabriel Piñón
En el Hospital General Regional No. 1, Unidad Morelos, mejor conocido como el Seguro Morelos de la capital del estado de Chihuahua, la línea entre la atención médica y el abandono institucional que sufren muchos pacientes suele desdibujarse de la manera más dolorosa. Para los derechohabientes, sufrir una emergencia en el hogar no solo representa el impacto físico y emocional del accidente, sino el inicio de un laberinto burocrático donde la salud y la dignidad quedan suspendidas en el limbo.
Tal es el caso de la señora Leonor Vega Mendoza, de 83 años, cuyo calvario comenzó tras sufrir una caída en su domicilio que le provocó fractura de cadera y fémur, según el diagnóstico médico inicial.
Con el dolor a cuestas, Doña Leonor acudió al área de urgencias del nosocomio. Aunque la noche misma de su ingreso, el pasado 15 de agosto, fue internada en el piso correspondiente, la intervención quirúrgica que exigía su condición de gravedad no llegó sino hasta seis días después, el 21 de agosto. En ese compás de espera, la incertidumbre institucional comenzó a minar su estabilidad.
La negligencia en el manejo de comorbilidades y el desdén especialista
Doña Leonor padece hipertensión y diabetes, condiciones delicadas que exigen un control riguroso, especialmente bajo el estrés físico de un trauma quirúrgico. Sin embargo, las instrucciones iniciales del personal de enfermería ante la administración de sus medicamentos de base fueron ambiguas: el suministro debía ser consultado directamente con el médico tratante, dejando a la familia en total zozobra sobre quién y cómo se atenderían estas comorbilidades.
Cuando finalmente hizo su aparición el médico especialista en traumatología, su actitud distó de ser la esperada en un profesional de la salud. De manera parca y tajante, se limitó a responder: “Sí, déselos con las enfermeras”, sin ofrecer explicaciones sobre quién asumiría la responsabilidad de ajustar las dosis o vigilar los riesgos cardiovasculares y metabólicos de la paciente octogenaria.
La justificación para retrasar la cirugía recayó en la saturación del servicio. Según explicaron los médicos a la familia, el especialista encargado de las intervenciones solo operaba los miércoles y viernes; como la agenda del miércoles ya estaba a su máxima capacidad, Doña Leonor tuvo que aguardar hasta el viernes, consumiendo val días de resistencia física.
Ayunos prolongados, extravío de médicos y un diagnóstico desalentador
Conforme transcurrían los días previos a la cirugía, el cuadro clínico de la paciente comenzó a deteriorarse visiblemente: debilidad progresiva, desorientación, cuadros de ansiedad y un rechazo paulatino a los alimentos.
En medio de este desgaste, a la señora Leonor le detectaron una hemorragia interna. Una residente interna indicó la urgencia de realizar una endoscopia, ordenando un ayuno absoluto bajo la promesa de que el estudio se llevaría a cabo esa misma noche.
La noche pasó y el nuevo día comenzó sin respuestas. Ante la angustia de los familiares, nadie en el piso supo dar razón del estudio; peor aún, el personal afirmó categóricamente desconocer a la residente que había dado la orden. Nadie se hacía responsable ni de las indicaciones ni del procedimiento. El área de traumatología atribuía la responsabilidad a medicina interna, y medicina interna la devolvía a traumatología.
La endoscopia se practicó finalmente hasta las 11:12 de la noche de ese día. Para entonces, la paciente acumulaba más de 24 horas en un ayuno absoluto, sin probar alimento ni agua. El resultado del estudio confirmó un panorama crítico: úlceras en el estómago, esófago y un cuadro de candidiasis.
La crisis de la transfusión y el fantasma de la hemólisis
El estado de salud de Doña Leonor continuó en picada cuando su nivel de hemoglobina descendió a 7.8. Ante este indicador, los residentes de traumatología y ortopedia solicitaron autorización para realizar una transfusión sanguínea. Cuando la familia cuestionó si existían alternativas terapéuticas, los médicos reconocieron que sí las había, pero argumentaron que sus resultados eran de «resultados más lentos». Ante la presión del momento, se autorizó la aplicación de dos unidades de sangre.
El remedio estuvo a punto de convertirse en una tragedia mayor. Tras la transfusión, la piel de la señora Leonor comenzó a tomar un tono amarillento (ictericia), encendiendo las alarmas de sus familiares, quienes recurrieron de inmediato al personal de medicina interna e incluso a la subdirección del hospital. La respuesta fue el silencio o la evasivas: nadie ofrecía una explicación clara ni asumía la responsabilidad.
Horas más tarde, de manera informal, se informó que la paciente había sufrido una hemólisis; es decir, que su sistema inmunológico rechazó de forma violenta la sangre transfundida. Los médicos se limitaron a calificarlo como un «caso raro», dejando a la familia sumergida en la desesperación y la impotencia ante un sistema de salud rebasado y colapsado.
Un retrato del abandono institucional
Hoy, a sus 83 años, Doña Leonor permanece hospitalizada en el Seguro Morelos. No hay un rumbo clínico claro ni respuestas institucionales por parte de las autoridades médicas y administrativas que encabezan el hospital.
El caso de la señora Leonor no es un hecho aislado; es el reflejo descarnado de un sistema donde la burocracia institucional, la insensibilidad y la falta de coordinación médica ponen en vilo la vida de los derechohabientes.
Mientras las cifras oficiales presumen mejoras sustanciales en la atención médica del país, en los pasillos del IMSS Morelos la realidad sigue tiñéndose de negligencia, dolor e incertidumbre. Una pregunta queda suspendida en el aire… ¿Dónde quedan los derechos de los pacientes? ¿El trato digno? ¿El consentimiento informado? ¿La humanidad en los servicios de salud?

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