Notas Principales

Un México que sangra ante la indiferencia de la clase política

Por: Gabriel Piñón

El contraste entre la realidad nacional y los discursos oficiales se ha vuelto insostenible. Apenas ayer, en la más alta esfera del poder, la presidente Claudia Sheinbaum informaba que los homicidios dolosos habían disminuido en un 51 por ciento, y a menos de 24 horas se presenta un lamentable hecho en el que muere asesinado un joven músico, su familia y su trabajadora doméstica de una manera brutal y salvaje.

La presidente proclama un país que camina hacia la paz, en un escenario muy lejano a lo que vivimos la mayoría de los mexicanos. Las promesas echadas al viento por funcionarios bañaditos, trajeaditos y perfumaditos en la mañanera solo reflejan que la violencia no se resuelve desde un escritorio o un podio. El optimismo gubernamental choca contra una pared de impunidad y violencia que pulveriza cualquier intento de maquillar la tragedia diaria.

El ejemplo más reciente y doloroso es el cobarde asesinato de Jonathan Meléndez, tecladista de la banda Camilo Séptimo, su esposa embarazada, su pequeña hija de tres años y una trabajadora del hogar, masacrados al interior de su domicilio en Atizapán de Zaragoza. ¿Qué clase de descomposición social y falla estructural permite que una familia entera, incluyendo a una niña que apenas comenzaba a vivir, sea eliminada de esta manera? ¿Qué acaso estas personas no tienen entrañas? ¿Qué clase de seres humanos son?

Resulta profundamente indignante y desconcertante atestiguar la insensibilidad de una clase política que opta por mirar hacia otro lado. Y todavía tienen el descaro de pararse frente a la cámara y afirmar que todo va bien en este país. Es lamentable que los mexicanos vivamos en la indiferencia ante esta clase política que viaja con escoltas, camionetas blindadas y, claro, por zonas que para ellos son seguras. No nos damos cuenta de que eso le puede suceder a usted, a mí o a algún familiar, y que simple y sencillamente seremos un número en la estadística maquillada de este gobierno que se dice de la cuarta transformación.

La pregunta es: ¿qué transformaron? Si transformar es destruir nuestras instituciones, nuestra seguridad social, nuestro patrimonio lingüístico y cultural, nuestro sistema de salud, déjenme afirmar que lo han hecho muy bien. De México solo quedan cenizas y sangre regada por sus calles.

Gobernar con discursos huecos y narrativas de un «país feliz» mientras las familias mexicanas entierran a sus muertos demuestra un vacío interior alarmante. Es un ejercicio de poder indolente y perverso. El multihomicidio en el Estado de México no es un hecho aislado ni una anomalía estadística; es el retrato fiel de un país que sangra bajo la sombra de la impunidad. ¿Qué pudo haber hecho este joven músico, dedicado al arte y a la cultura, para merecer este final junto a los suyos?

Los discursos triunfalistas se quedan vacíos frente a un féretro. La seguridad pública no se recupera con consignas ni con palabras que buscan la amnesia colectiva. Mientras los gobernantes sigan prefiriendo el relato de la simulación por encima de la dolorosa verdad de las calles, México seguirá desangrándose en el abandono.

Mañana afirmaran que se abrirá una carpeta de investigación para el caso. Los féretros fríos serán sepultados y todo seguirá igual. Este es el México de la 4T.

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