La dictadura de la simulación y la mentira: ¿Hasta dónde resistirá la dignidad de los mexicanos?
Por Gabriel Piñón
¿De plano los mexicanos hemos metido la cabeza como el avestruz en un hoyo, o ya de plano nos vale el destino de este país que aún llamamos México?
La clase política actúa hoy con un descaro absoluto y sin ningún pudor —desconozco si realmente tengan conocimiento del significado de esta palabra— modificando y prostituyendo las leyes que alguna vez garantizaron cierto rumbo a esta nación. Han pisoteado la Constitución, se metieron hasta la cocina en los poderes que mantenían un mínimo de equilibrio democrático e hicieron de la política una vacilada repleta de corrupción e impunidad. Premian a los delincuentes y castigan a las personas que, como usted y como yo, trabajamos y aportamos para que este país se mantenga a flote mientras ellos disfrutan del lujo y la opacidad, justificándose a cada momento bajo el manoseado pretexto de «el pueblo». ¿De plano los mexicanos ya nos quedamos sin dignidad?
Los ejemplos del absurdo institucional sobran y escalan a niveles grotescos. Ahí tenemos el caso del senador morenista Zenyazen Escobar conocido como el Tarzán Boy, cuya muerte fue calificada cínicamente como un «suicidio» por la gobernadora de Veracruz, Rocío Nahle, y la fiscal carnal Ernestina Godoy. Nos tratan de tontos al pretender hacernos creer que el hoy difunto se quitó la vida y que, en un acto de absoluta incongruencia física, logró colocarse la pistola entre las piernas para dejar claro su supuesto suicidio. Todo apunta a que sabía demasiado y que la cúpula del poder decidió silenciarlo, porque un muerto no habla ni señala.
Y si seguimos la ruta de la impunidad, el cochinero institucional no tiene fondo. ¿Qué pasó con el exsecretario de Marina Rafael Ojeda en el sexenio de Andrés Manuel López Obrador? Simplemente no lo encuentran; no hay dirección, no hay teléfono, no hay rastro del fulano. Eso sí, a sus subordinarios políticos ya los encerraron en el Altiplano señalándolos como los líderes de una red de huachicol, exonerando de facto a los hijos del expresidente y al propio almirante, quien o goza de impunidad en alguna latitud dorada o ya duerme su sueño eterno con los peces.
Pero lo que verdaderamente derrama el vaso es el talante autoritario de la presidenta Claudia Sheinbaum. Con una actitud caprichosa y una obediencia ciega del Legislativo, impulsaron la iniciativa para prohibirle el acceso a candidaturas a gubernaturas, congresos locales, alcaldías y la Presidencia de la República a cualquier persona que posea doble nacionalidad —dejando fuera del tablero político a figuras como Ricardo Salinas Pliego y Francisco García Cabeza de Baca—.
Ante esto surge una interrogante ineludible: si se prohíbe a los mexicanos con doble nacionalidad participar en puestos de elección popular, por simple congruencia jurídica y política se debería eliminar también el voto de los mexicanos en el extranjero. ¿Cómo es posible que decidan sobre el destino de quienes padecemos diariamente las consecuencias de estos gobiernos personas que no resienten la violencia, la inflación ni el colapso de los servicios públicos en carne propia? Como alguna vez se criticó bajo la lógica de «si tanto amas a México, vente a vivir a México», quienes cargamos con el día a día somos los que debemos decidir el rumbo del territorio nacional.
Por si fuera poco, tenemos a un Instituto Nacional Electoral (INE) que en otros tiempos fue garante de la imparcialidad, y que hoy, bajo la dirección de la corrupta consejera Guadalupe Tadei y sus cómplices en el Consejo General, opera como un instrumento dócil de la 4T para convalidar atropellos. Ya lo declararon sin rubor: afirman que nada pueden hacer para evitar que el crimen organizado intervenga y meta las manos en los comicios. Así que esperen la activa participación del narco en las elecciones, con total impunidad.
Y la última joya de la corona del cinismo electoral: han aceptado que se puedan contabilizar las boletas planchadas en los consejos distritales, abriéndole la puerta de par en par al viejo y repudiado embarazamiento de urnas. Usted y yo, como simples ciudadanos, sabemos perfectamente que al acudir a votar doblamos las boletas para poder introducirlas en la ranura de la urna porque no caben de forma extendida. Pues escúchelo y léalo bien: ya aprobaron que las boletas rellenadas con anticipación y perfectamente planchadas sean válidas. Hágame usted el favor. Nos están cantando en la cara que están operando el fraude del futuro, replicando la farsa que ya vivimos en la elección del Poder Judicial.
Se lo dejo a su conciencia, estimado lector. ¿Seguiremos permitiendo que nos vean la cara de idiotas, o haremos algo antes de que estos ineptos que sueñan con sembrar café en Marte terminen por demoler lo poco que queda en pie? De México, por ahora, solo van quedando cenizas y sangre regada por sus calles. Quizás algunos pensaran que es exageración de quien esto escribe, pero México se ha metido en un callejón sin retorno y eso nos habrá de pesar de manera personal, pero más a nuestros hijos y nietos.

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