Prohibición de celulares en aulas: justificación al fracaso educativo
Por Gabriel Piñon
La SEP acaba de anunciar lo que ya se veía venir: quedan prohibidos los celulares en primaria y secundaria en todos los planteles del país a partir del próximo mes. La justificación oficial de la 4T, y en especial de la matriarca Claudia Sheinbaum, es que estos aparatos son los culpables del bajo nivel educativo y la salida fácil para explicar los desastrosos puntajes de México en la prueba PISA.
En bachillerato y universidad, dicen, quedará a consideración de cada autoridad. Como si el problema fuera distinto a los 15 años que a los 16.
El punto es que esta medida va mucho más allá de una simple decisión administrativa y, peor aún, de una ocurrencia. Es una decisión que demuestra que la autoridad no tiene idea de a quién está educando.
No tomaron en cuenta algo elemental: el dispositivo móvil ya no es un accesorio, es una extensión del cuerpo de estos niños y adolescentes. Son generaciones que nacieron y han crecido con estos aparatos en la mano. No es solo comunicación, es su memoria, su agenda, su vínculo social, su regulación emocional. Involucra aspectos psicológicos y emocionales profundos. Quitarlo de tajo no es quitar un juguete, es amputar una parte de su vida cotidiana.
Tampoco olvidemos lo práctico: hoy estos dispositivos sirven como control de acceso y seguridad en los planteles. Registran entradas y salidas a través de sistemas como el PREVEE, permiten a los padres saber si su hijo llegó, si salió, si está bien. Con la prohibición, ¿qué alternativa real de seguridad ofrecen? Ninguna.
Y si lo quieren abordar como un asunto de adicciones, porque hay un uso excesivo, entonces que lo traten como tal. Una adicción no se cura con un decreto. Se atiende con especialistas, con programas, con estrategias de contención de crisis.
¿De verdad la SEP y la Presidencia diseñaron un protocolo para atender a los miles, a los millones de niños y adolescentes que van a presentar ansiedad, irritabilidad, angustia, crisis emocionales al sentir que les arrebatan algo que consideran parte de su identidad? No. No hay psicólogos suficientes en las escuelas, no hay un plan, no hay una ruta.
Al final, es más fácil prohibir el celular que aceptar que el sistema educativo no ha sabido incorporar la tecnología como herramienta pedagógica, que no ha capacitado a los maestros, que no ha actualizado los planes de estudio. Más fácil culpar al aparato que asumir la responsabilidad de la caída educativa.
Prohibir es lo más sencillo. Educar para usar, eso sí hubiera sido una verdadera reforma.
Menudo problema en el que acaban de meter a la comunidad docente y autoridades educativas de los diversos planteles educativos del país. Se aproxima una crisis severa al estilo de la 4T.
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