Notas Principales

¿Somos muchos o somos pocos?

Este día en que se celebra el día mundial de la población vale la pena realizarnos y hacernos está pregunta y contestarla atendiendo más a la razón que a sentimientos y miedos que nos han infundado desde los gobiernos.

De manera reiterada nos han enviado por las de 50 años un discurso que confunde y que se resume en que la “explosión demográfica” está acabando con el planeta. Que somos 8,100 millones, que consumimos recursos, agua, energía, y que eso acelera el cambio climático. Por otro lado, hoy más de la mitad de los países ya no llegan a 2.1 hijos por mujer. México está en 1.60. España en 1.16. Corea del Sur en 0.72. Los gobiernos entran en pánico porque “no habrá reemplazo generacional”.

Entonces, ¿en qué quedamos? ¿El problema es que somos muchos o que somos pocos?

La respuesta es corta: las dos cosas son ciertas, pero no para los mismos países ni de la misma forma. Por ejemplo China y la india tan solo alcanzan una población de 1412 millones de habitantes y la India 1470 millones. Lo que si es cierto que el decrecimiento de los nacimientos a llevado a ocasionando a qué lao países envejezcan y no exista lo que se denomina el remplazo generacional.

Existen algunos puntos que vale la pena destacar:

  1. El impacto ambiental no lo define cuántos somos, sino cómo vivimos y quién consume. El 10% más rico del mundo emite casi el 50% del CO₂. Un niño que nace en Níger —con 6.7 hijos por mujer— generará en toda su vida menos emisiones que lo que un estadounidense promedio emite en 2.5 años.

El problema no es el número de africanos, sino el estilo de vida de los países industrializados. Reducir la población de Noruega no salva al planeta; cambiar cómo consume EEUU, sí.

  1. La caída de la fecundidad no resuelve el cambio climático. Aunque todo el mundo llegara a 1 hijo por mujer mañana, las emisiones seguirían subiendo por décadas porque el grueso del daño lo hace la población que ya existe y su nivel de consumo. La ONU calcula que incluso con fecundidad baja, seremos 10,300 millones en 2080. La inercia demográfica es enorme.
  2. El control natal no es política climática. Históricamente, los discursos de “somos demasiados” se usaron para impulsar esterilizaciones forzadas en India, Perú o China. Hoy sabemos que coaccionar no baja emisiones y sí viola derechos. La forma más efectiva de reducir natalidad es garantizar educación, acceso a anticonceptivos y autonomía para las mujeres. Pero eso es un tema de derechos, no de “salvar al planeta”.
  3. La contradicción está en el modelo económico, no en la gente. Nos piden tener menos hijos “por el planeta” mientras la economía lineal exige crecimiento infinito, consumo y más trabajadores jóvenes para sostener pensiones. Un sistema que necesita más gente para funcionar pero un planeta que no aguanta más consumo.

¿Qué pasa entonces con México?

Estamos en el peor lugar de la contradicción: ya no tenemos fecundidad alta, pero sí tenemos desigualdad alta. El 1% más rico emite más que el 50% más pobre. Y al mismo tiempo, nos dicen que “ya no nacen niños” mientras 40 millones de jóvenes no tienen empleo digno, vivienda o guarderías. El problema no es que “sobren” mexicanos. Es que el modelo reparte mal: ni recursos, ni oportunidades, ni emisiones.

El cambio climático se enfrenta cambiando la matriz energética, el transporte, la industria y el consumo de quienes más emiten. El envejecimiento poblacional se enfrenta con productividad, migración ordenada, tecnología y sistemas de cuidado. Ninguno se resuelve controlando úteros.

El Día Mundial de la Población debería servir para dejar de culpar al número de personas y empezar a hablar del tipo de sociedad que queremos: una donde tener o no tener hijos sea una decisión libre, y donde vivir no le cueste el planeta a nadie.

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