La salud no puede esperar
Por La Observadora Incómoda
Hay una frase que todos hemos escuchado alguna vez cuando buscamos atención médica:
“Tiene que esperar.”
Esperar una cita.
Esperar un estudio.
Esperar una cama.
Esperar a un especialista.
Esperar un medicamento.
Esperar una respuesta.
Y quizá el problema no sea únicamente que tengamos que esperar. El problema es que, cuando hablamos de salud, no siempre sabemos cuánto tiempo puede permitirse una persona esperar.
Chihuahua ha avanzado en cobertura y en infraestructura. MediChihuahua, por ejemplo, reporta más de 824 mil personas beneficiarias y más de 4.4 millones de atenciones médicas desde su creación.
Son cifras importantes.
Pero detrás de cada cifra hay una persona.
Una madre que necesita saber qué tiene su hijo.
Un adulto mayor esperando una consulta.
Un trabajador que debe pedir permiso para acudir a una cita.
Una mujer esperando un estudio que puede determinar el siguiente paso de su tratamiento.
La estadística dice “atención”.
El paciente pregunta:
“¿Cuándo me van a atender?”
Y ahí aparece una de las grandes contradicciones de nuestro sistema de salud.
Podemos hablar de nuevas unidades, nuevos servicios, nuevas inversiones y nuevas estrategias. Podemos anunciar millones de atenciones y cientos de miles de beneficiarios.
Pero el verdadero indicador de un sistema de salud no debería ser solamente cuántas personas entraron por la puerta.
También deberíamos preguntarnos:
¿Cuánto tuvieron que esperar?
El propio IMSS reconoce que el crecimiento de la población derechohabiente y de las enfermedades crónicas ha incrementado la demanda, generando problemas de saturación, infraestructura insuficiente y tiempos prolongados de espera.
Y en Chihuahua la presión es evidente.
El Hospital Morelos, por ejemplo, atiende una demanda que rebasa su capacidad, mientras la discusión sobre la construcción de un nuevo hospital del IMSS en la capital lleva años. Actualmente el IMSS reporta 214 unidades médicas en el estado y una población atendida superior a 2.8 millones de personas.
No se trata de señalar culpables.
Mucho menos de responsabilizar al médico, a la enfermera, al trabajador administrativo o al personal que diariamente intenta sostener un sistema sometido a una enorme presión.
Porque hay algo que también debemos decir: el personal de salud forma parte de esta crisis y es quien es la cara en atención en salud.
Trabaja con pacientes que esperan, con recursos que deben administrarse y con una demanda que muchas veces supera la capacidad instalada.
Y de aquí surge una pregunta del derechohabiente:
“¿Por qué los trabajadores de salud no hacen más?”
Sin embargo la pregunta debería ser:
¿Estamos construyendo un sistema capaz de responder a las necesidades de salud de la población actual?
Chihuahua crece. Su población envejece. Las enfermedades crónicas aumentan. Y la necesidad de atención especializada también.
No podemos seguir pensando que la salud pública solamente como un asunto de edificios, camas o consultas.
La salud también es tiempo.
Tiempo para diagnosticar.
Tiempo para atender.
Tiempo para prevenir.
Tiempo para escuchar.
Tiempo que, para una persona enferma, puede valer mucho más que para quien observa las cifras desde un escritorio.
Por eso debemos reconocer los avances sin dejar de hacer preguntas.
Porque reconocer lo que funciona no obliga a callar sobre lo que todavía falta.
Y exigir mejores servicios no significa estar en contra de las instituciones.
Significa recordar algo elemental: la salud no es un favor. Es un derecho.
Y cuando una persona llega a un hospital, no llega buscando ser una estadística.
Llega buscando una respuesta.
Quizá esa sea la verdadera prueba de nuestro sistema de salud: no cuántas cifras podemos presentar,
sino cuántas veces podemos lograr que una persona enferma escuche, después de tocar una puerta: “Pase. Vamos a atenderla.”
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